El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir

jueves, 19 de marzo de 2026

Homilía para Día del Niño por Nacer 2026

 


         El 30 de diciembre del año 2020 los argentinos ingresamos en uno de los períodos más oscuros de nuestra historia, sino es el más oscuro y es a causa de la inicua legalización de la ley aborto[1]. Según esta infame ley, aprobada en ese entonces por 38 votos a favor y 29 en contra, Argentina se entregaba en los brazos de la cultura de la muerte, legalizando el asesinato de los no nacidos en el seno materno. Con la aprobación de esta ley, Argentina pasaba a engrosar la larga lista de naciones donde es legal algo que contradice hasta el más básico sentido común: matar al hijo antes de nacer.

         De esta manera Argentina ingresaba de lleno en la cultura de la muerte y el Nuevo Orden Mundial, convirtiéndose en un país abortista gracias a la democracia, debido a que fueron los representantes políticos elegidos por los mismos argentinos quienes así lo decidieron. Ya en la Cámara de Diputados, el 9 de diciembre había dado media sanción a la ley del aborto con 131 votos a favor, 117 en contra y 6 abstenciones, y ahora fueron los senadores quienes sellaron con su voto permitiendo que el crimen uterino fuera legal. Este acto criminal pesará para siempre, por la eternidad, en la conciencia de quienes lo promovieron, lo buscaron, lo alentaron e hicieron todo lo posible para que fuera aprobado, como también en la conciencia de quienes no hicieron nada para evitarlo.

         En esa ocasión, al aprobarse la ley, hubo manifestaciones de júbilo en las calles, de parte de los abortistas, quienes tras ocho intentos de aprobar el asesinato de los no nacidos, finalmente consiguieron su objetivo.

         Pero no solo en las calles y en el día de la aprobación celebraron los abortistas: a dos años de la inicua ley, en septiembre de 2022, el Gobierno izquierdista de la Provincia de Buenos Aires sacaba un afiche que colocó por toda la provincia, en donde macabramente “celebraba” (sic) inicua y abominablemente la muerte de 47.500 niños argentinos por nacer, como si se tratara de un logro humanitario, como si realmente hubiera algo para festejar, como si se pudiera festejar el derramamiento de sangre de niños que están en el vientre de la madre[2]. Ahora bien, hasta el momento, si bien los cálculos son extra-oficiales, podemos decir que se trata de una ley genocida, que está provocando un verdadero genocidio en el pueblo argentino, un genocidio silencioso, encubierto por los medios de comunicación, por la inmoralidad de nuestros días, pero genocidio al fin y esa cifra se calcula en aproximadamente unos 500.000 niños asesinados en el vientre materno, desde la implementación de la infame ley hasta el momento.

Por esto un ciudadano mendocino denunció con razón, en enero de 2021, por “Genocidio”, al entonces presidente de la Nación, Alberto Fernández y a los senadores que votaron a favor, luego de aprobarse la mal llamada “Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo”[3].

         Según la presentación de este ciudadano, la denuncia bajo la calificación de:  "Genocidio", se justifica porque la ley "por facilita y promueve el exterminio masivo de seres humanos inocentes; mediante la criminal interrupción de la vida humana. Se tata de crímenes contra la humanidad; imprescriptibles y de jurisdicción universal". Luego continúa: "Es muy grave el hecho de que Argentina sea criminal de inocentes por la ignorancia de sus representantes y su Jefe de Estado. Esta norma es el bisturí para matar inocentes con la legitimidad del Estado y contradice todos los tratados internacionales vigentes sobre los derechos humanos. Matar es homicidio y cuando es el Estado quien forma parte de un plan homicida se denomina técnicamente genocidio. Solo la Justicia Penal hoy puede detener este plan criminal instrumentado por el Estado Argentino", agregó. 

En ese momento también la Corporación de Abogados Católicos se expresó de manera similar: “la permisión del aborto por parte de los Estados, para ser practicado por la sola voluntad de la mujer gestante”, sea por la legalización o por la despenalización, “es la condición determinante de un genocidio que califica también como delito de lesa humanidad”, ya que conduce “a la masiva eliminación por muerte intencional a un número indeterminado de seres humanos en forma generalizada y sistemática”. Asimismo, la Corporación estableció que un crimen de lesa humanidad será el asesinato o exterminio como “parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”.

En consecuencia, estableció que esta legalización se configura en el ámbito nacional "un grupo formado por aquellos seres humanos que no son deseados, con el resultado inmediato de ser objeto de destrucción física definitiva, de manera generalizada y sistemática”, precisó la Corporación de Abogados Católicos. Las “ciencias médicas y biológicas” que demuestran “la existencia de un ser humano único e irrepetible que comienza en la concepción, hace estéril”“todo argumento contrario”, expresaron. 

         También hay que decir que esta ley inicua del aborto desconoce la ciencia de la biología humana y es moral y jurídicamente aberrante y por esta razón, es necesario recordar lo que dice la Asociación para la promoción de los derechos civiles (Prodeci): “Esta ley desconoce la ciencia de la biología humana y es moral y jurídicamente aberrante por varios motivos. El primero porque es contrario a cualquier criterio ético el matar a un ser humano inocente e indefenso. El derecho a la vida es de orden natural y anterior a cualquier tipo de reconocimiento legal, porque el legislador no tiene ninguna facultad de negociarlo. Segundo, porque viola el orden constitucional y resulta inconciliable con el cuadro jurídico que reconoce la existencia de una persona como derecho desde el momento de la concepción. Del mismo modo se violentan las constituciones provinciales que reconocen explícitamente el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Este proyecto tiene de ley tiene la pretensión de promover también el adoctrinamiento a favor del aborto a través de la ESI o Educación Sexual Integral, que implica una subordinación ideológica de parte de muchas realidades educativas”[4].

         Otro aspecto a tener en cuenta es que el aborto es la verdadera pandemia, ya que en el año 2020 se registraron por esta práctica inhumana 42.6 millones de muertos, mientras que los muertos por o mejor dicho con Covid fueron 1.9 millones. Estas cifras muestran, por sí mismas, el cinismo y la falsedad de gran parte de la sociedad humana: si se disponen medidas draconianas para enfrentar un virus que no supera la mortalidad del virus de la gripe común, con el pretexto de pretender evitar muertes y salvar vidas, ¿por qué no se disponen medidas todavía más severas para impedir el aborto, que es cuarenta veces más letal que el coronavirus?

         Por último y no menos importante, debemos considerar el aspecto religioso de la cuestión del aborto, ya que si bien la vida humana por nacer la puede defender incluso un ateo con buena voluntad, hay quienes, profesando la verdadera fe, la religión católica, dejan su fe de lado para abrazar la cultura de la muerte, convirtiéndose en aliados insospechados de sus enemigos mortales, los integrantes de la secta Templo Satánico, para los cuales el aborto es un verdadero ritual religioso -ofrecido a Satanás, por supuesto-, en el que no debe tener injerencia el Estado. En la página oficial de la secta satánica Templo Satánico se lee: “¿Qué protección proporciona el aborto ritual satánico? La libertad religiosa asegura a los satanistas el seguro acceso al aborto, libre de interferencias del Estado[5]. Más adelante, la secta satánica continúa: “El ritual de aborto satánico proporciona confort espiritual y afirma la autonomía corporal, el auto-cuidado, la libertad frente a fuerzas coercitivas, mediante la afirmación de los Siete Principios del Templo Satánico. El ritual no se dirige a convencer a una persona a que realice el aborto. En cambio, (lo que hace el ritual) santifica el proceso del aborto al proporcionar confidencia y protección de los derechos del cuerpo mientras se lleva a cabo el procedimiento seguro y científico”[6].

         Finalmente, nosotros, los católicos, vemos a la concepción desde dos puntos de vista, desde el punto de vista científico y desde el punto de vista religioso y ambos puntos de vista nos conducen a una misma reflexión, la misma reflexión del Papa Juan Pablo II: “La vida humana es sagrada e inviolable” (cfr. Evangelium vitae 53). La vida humana es sagrada e inviolable porque desde el punto de vista científico el cigoto no se explica sin un Creador, sin un Intelecto Supremo, Divino, Celestial, que le pertenece a Él por ser su Creador; desde el punto de vista religioso, el cigoto humano nos recuerda que el Verbo de Dios se encarnó en un cigoto humano y así, al contemplar esa célula llamada cigoto, contemplamos ya el misterio de la Encarnación del Verbo, por eso cada cigoto es una imagen del Verbo Encarnado o también podríamos decir que el Verbo se encarnó a imagen nuestra, porque todos fuimos cigoto en algún momento. Es a este cigoto, imagen del Dios Viviente, que es ya una persona humana con su acto de ser y cuyo primer derecho humano es el derecho a la vida, es al que nos comprometemos a defender en su primer derecho, el derecho a vivir. Y así también defendemos el derecho de Dios, el derecho que Dios como Creador de la vida humana tiene y es que el cigoto, obra de su Sabiduría y de su Amor divinos, no solo no sea destruido, sino que viva, primero en esta vida y luego en la vida eterna. Y elevamos nuestras oraciones y comprometemos todas nuestras fuerzas para que la ley genocida del aborto sea abolida en nuestro país, para que en nuestro país no reine la cultura de la muerte, sino la cultura de la vida.



[1] Cfr. https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=39485&fbclid=IwAR0qqynxpZ2kpyOCuNR73ZBhyAB0HzAJ360kXVrMGjAngD2ZkO97o5dKjOc

[2] 12 sept 2022.

 

[3] https://mivalle.net.ar/contenido/23714/denuncian-por-genocidio-al-presidente-tras-la-aprobacion-de-la-ley-de-interrupci?fbclid=IwAR2opinJthv8xUjFD7P_YagMeJaP7YY2gpv9M7FQVgk_u3IEY1hII9kRy54

[5] Extraído del propio sitio electrónico de la secta Templo Satánico: https://announcement.thesatanictemple.com/rrr-campaign41280784

[6] https://announcement.thesatanictemple.com/rrr-campaign41280784


Homilía para el Inicio de la Semana del Niño por Nacer 2026

 


En el momento de la Anunciación del Arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, la Iglesia contempla el momento más trascendental de la historia de la humanidad, el momento en el que el Ángel comunica a la Virgen que la Trinidad la ha elegido para ser la “Madre de Dios”, hecho que en la Iglesia Católica conocemos como “Encarnación del Verbo”. Puesto que somos humanos, por lo general nos detenemos en lo exterior y es así que contemplamos hermosísimas imágenes de artistas católicos que a lo largo de la historia han reflejado este sagrado momento de la Anunciación. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en la realidad espiritual y sobrenatural del hecho de la Encarnación, es decir, qué es lo que sucede espiritual y sobrenaturalmente en un hecho que no podemos ver sensiblemente, sino solamente con los ojos de la fe. Con el “Fiat”, con el “Sí” de la Virgen al Anuncio del Ángel, se producen dos hechos inéditos en la historia de la humanidad: primero, si Dios en el Génesis había creado al hombre a su imagen y semejanza, ahora, en la Encarnación, que podemos decir que es el Nuevo Génesis, porque es el Nuevo Comienzo, Dios se crea -por así decir- a Sí mismo, en Jesús de Nazareth, a imagen y semejanza del hombre, porque se encarna como un cigoto humano; el segundo hecho inédito para la especie humana es que se produce una nueva forma de concebir, única, celestial, divina, sobrenatural, sin intervención de la creatura, jamás producida antes y que jamás se producirá después: se concibe un nuevo espécimen de la raza humana es concebido, pero sin intervención de varón. En esta nueva forma de concepción, celestial y sobrenatural, el Verbo de Dios, que es Espíritu Puro, se encarna, se “hace carne” en el seno purísimo de la Virgen y con esta expresión la Iglesia quiere significar que el Hijo Eterno del Padre, Dios y Espíritu Puro, sin dejar de ser Dios y Espíritu Puro, toma forma de un cigoto humano y este cigoto es ya un cuerpo humano, aunque del tamaño de una célula y posee además un alma humana, que en este caso es el Alma humana de Jesús de Nazareth. Y es a este cigoto humano al que se le une hipostáticamente el Verbo de Dios, por lo cual el cigoto de Jesús de Nazareth le pertenece al Verbo de Dios. Entonces, en la Encarnación, el Hijo de Dios, Aquel a Quien los cielos no pueden contener, se vuelve tan pequeño como pequeño es el tamaño de una célula humana, de un cigoto humano, es decir, Dios Hijo, en la Encarnación, en el momento de la Anunciación, en el momento en el que la Virgen dice “Sí”, se encarna en una célula y ese Dios inconmensurable, sin dejar de ser lo que Es, posee el tamaño de una célula, la cual solo puede ser observada a través del microscopio, pero esa célula ya es Dios Hijo encarnado, Jesús de Nazareth, con un cuerpo unicelular y con un alma humana, unidos ambos hipostáticamente, personalmente, a la Persona Segunda de la Trinidad.

De esta manera es cómo, en la Encarnación, se produce una nueva forma de concepción, única e irrepetible, de origen celestial, divino y sobrenatural: por obra del Espíritu Santo, se concibe, sin concurso de varón alguno, un Hombre, un Varón, Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios; un varón que es a la vez varón perfecto de la especie humana y al mismo tiempo Dios Hijo del Eterno Padre, concebido por el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

Algo más que sucede en la Encarnación y que no podemos ver sensiblemente es lo siguiente: luego de que la Virgen diera el “Sí” al Anuncio del Ángel, el Espíritu Santo crea un cigoto humano, el cigoto de Jesús de Nazareth, que como todo cigoto posee cromosomas maternos y paternos. El cigoto de Jesús, sin embargo, no posee genes paternos, puesto que fue concebido sin concurso de varón, de manera que los genes paternos fueron creados de la nada en el momento mismo de la Anunciación, para ser unidos a los genes maternos. Esto es lo que, a nivel científico y biológico es lo que sucede en la expresión del Ángel: “El Espíritu Santo te cubrirá con su sombra”. En la Encarnación entonces Jesús es un embrión unicelular, compuesto por un cuerpo unicelular, el cigoto, y un alma humanos, y esta naturaleza humana es unida por la Persona del Verbo a Sí misma, lo cual se llama “unión hipostática” o “personal” y por esta razón Jesús de Nazareth no es una persona humana, sino la Persona Divina de Dios Hijo encarnada -que se hace cigoto, eso queremos decir al decir “encarnada”- en la naturaleza humana de Jesús de Nazareth.

         Si en el momento de la Encarnación se hubiera podido analizar con un microscopio al cigoto Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios, se habría visto lo mismo que se ve en cualquier otro cigoto humano, pero lo que ningún microscopio puede ver, por más potente que sea, es que en ese cigoto, cuya alma es el alma humana de Jesús, inhabitaba la Persona Segunda de la Santísima Trinidad, Dios Hijo.

         Cada vez que contemplamos y meditamos en la Anunciación y en la Encarnación, lo podemos hacer tanto a nivel biológico-científico como a nivel espiritual y sobrenatural y en ambos casos llegaremos a la misma conclusión: el Amor de Dios por nosotros los hombres, es tan grande e incomprensible, que para demostrarnos ese Amor Infinito y Misericordioso, no vino a nosotros en su esplendor y majestad, sino en la humildad y sencillez de un cigoto humano, ingresando en nuestra historia humana para luego donar, ese mismo Cuerpo y Sangre concebidos en el seno de la Virgen, el altar de la cruz y en la cruz del altar, para darnos Vida Eterna.

         Por último, otro aspecto que también debemos considerar al meditar en la Anunciación y Encarnación del Verbo es que a partir de la Encarnación del Verbo como cigoto, cada cigoto verdadera y totalmente humano, el cigoto que sí es concebido por el concurso del varón y de la mujer, se convierte en una imagen viviente del Verbo de Dios encarnado, un Dios que vino a nuestro mundo como cigoto y por ese solo motivo merece y debe ser tratado como algo sagrado e inviolable, como dice Su Santidad Juan Pablo II: “La vida humana es sagrada e inviolable” (cfr. Evangelium vitae 53). A ese cigoto, imagen del Dios Viviente, que es ya una persona humana con su acto de ser y cuyo primer derecho humano es el derecho a la vida, es al que nos comprometemos a defender en su primer derecho, el derecho a vivir. Y así también defendemos el derecho de Dios, el derecho que Dios como Creador de la vida humana tiene y es que el cigoto, obra de su Sabiduría y de su Amor divinos, no solo no sea destruido, sino que viva, primero en esta vida y luego en la vida eterna.

 

 

 


sábado, 29 de marzo de 2025

En la Anunciación, el Hijo de Dios se hace carne, toma forma de un cigoto humano

 



         Cuando celebramos la Fiesta de la Anunciación, contemplamos el momento en el que el Arcángel Gabriel anuncia a la Virgen Santísima la decisión de la Trinidad de convertirla a Ella en morada de Dios Hijo, hecho que se conoce como “Encarnación”. Solemos ver y contemplar las hermosas imágenes de artistas católicos que a lo largo de la historia han recreado la escena. Pero esto es lo que sucede en el exterior: vemos al Arcángel, vemos a la Virgen Santísima, y nos preguntamos: ¿qué sucede en la realidad espiritual del hecho de la Encarnación, hecho que no podemos ver con los ojos del cuerpo, pero sí con los ojos de la fe? Al celebrar la Anunciación del Arcángel Gabriel a María Santísima que Ella, por ser la “Llena de gracia”, había sido elegida para ser la Madre de Dios, al dar la Virgen su “Fiat”, su “Sí” a la Voluntad de Dios, en ese momento, se produce un hecho inédito hasta entonces para la especie humana, nunca llevado a cabo antes y que nunca se volverá a repetir y es que se produce, en el seno de María Virgen, por obra del Santo Espíritu de Dios, una nueva forma, única, celestial, sobrenatural, de concebir: un nuevo espécimen de la raza humana es concebido, pero sin intervención de varón. Lo que sucede entonces en la Anunciación y Encarnación del Verbo es que el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, se “hace carne” en el seno purísimo de la Virgen y cuando decimos “se hace carne”, con esta expresión queremos significar que el Verbo Eterno del Padre, sin dejar de ser Dios Eterna, toma forma de un cigoto humano, compuesto, como todo cigoto, por un cuerpo humano del tamaño de una célula y por un alma humana, el Alma de Jesús de Nazareth. El Verbo de Dios, inconmensurable, Aquel a Quien los cielos no pueden contener, se vuelve tan pequeño como pequeño es el tamaño de una célula humana, de un cigoto humano, es decir, posee el tamaño de una célula, la cual solo puede ser observada a través del microscopio, pero esa célula ya es Dios Hijo encarnado, Jesús de Nazareth, con un cuerpo unicelular y con un alma humana, unidos ambos hipostáticamente, personalmente, a la Persona Segunda de la Trinidad.

         Es decir, hasta el momento en el que el Verbo se encarna, los seres humanos solo eran concebidos por la unión entre el varón y la mujer; a partir de la Encarnación del Verbo de Dios en el útero de María Santísima por obra del Espíritu Santo, sin concurso de varón alguno, se produce una nueva forma de concepción en la especie humana; es concebido un Hombre, un Varón, Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios; un varón que es varón de la especie humana y es Dios Hijo del Eterno Padre, concebido por el Amor de Dios, el Espíritu Santo.

         Una vez que el Ángel da a conocer la Anunciación a María y luego que María pronuncia su “Fiat”, su “Sí”, a la Divina Voluntad, el Amor de Dios crea un cigoto humano, que, como todos los cigotos, posee cromosomas y genes propios, como producto de la fusión de los cromosomas paternos y maternos. El cigoto Jesús de Nazareth, sin embargo, concebido de forma sobrenatural, sin concurso de varón, posee los genes de la Virgen, es decir, aquellos aportados por la Madre, y posee también genes masculinos, aunque en este caso, al no haber sido aportados por varón alguno, fueron creados de la nada en el momento mismo de la Anunciación y de la Encarnación. Esto es lo que sucede, a nivel biológico y científico, en el seno de la Virgen y a esta maravillosa creación de la nada de los genes paternos de Jesús es a lo que el Ángel Gabriel se refiere cuando dice la expresión: “El Espíritu Santo te cubrirá con su sombra”. De esta manera la naturaleza humana de Jesús de Nazareth queda conformada por un cuerpo unicelular, el cigoto, y un alma humanos, y esta naturaleza humana es unida por la Persona del Verbo a Sí misma, lo cual se llama “unión hipostática” o “personal” y por esta razón Jesús de Nazareth no es una persona humana, sino la Persona Divina de Dios Hijo encarnada -que se hace cigoto, eso queremos decir al decir “encarnada”- en la naturaleza humana de Jesús de Nazareth.

         Es esto entonces lo que sucede en la Anunciación y en la Encarnación del Verbo: luego del “Fiat” de María, se inaugura, por primera y única vez en la historia de la humanidad, una forma nueva y sobrenatural de concepción en la especie humana y es nueva y sobrenatural porque lo que ha sido concebido en el seno de María Virgen no viene de los hombres sino del Divino Amor, el Espíritu Santo.

         Si en el momento de la Encarnación se hubiera podido analizar con un microscopio al cigoto Jesús de Nazareth, el Hombre-Dios, se habría visto lo mismo que se ve en cualquier otro cigoto humano, pero lo que ningún microscopio puede ver, por más potente que sea, es que en ese cigoto, cuya alma es el alma humana de Jesús, inhabitaba la Persona Segunda de la Santísima Trinidad, Dios Hijo.

         Es esto entonces lo que sucede, tanto a nivel biológico-científico, como a nivel espiritual y sobrenatural, en el momento de la Encarnación y es en lo que debemos meditar cada vez que contemplamos la representación artística del Anuncio del Arcángel Gabriel a María Santísima: Dios nos ama de una forma que no podemos comprender ni abarcar y en ese extremo de su Amor por nosotros, los hombres, para mostrarnos su Amor Infinito y Eterno, decide ingresar en nuestra historia, en nuestro tiempo y en nuestro mundo, de manera al menos visible, tal como cualquiera de nosotros vino a este mundo, con la excepción que hemos nombrado, la ausencia de intervención de varón. Decide venir a nuestro mundo al menos visiblemente, como viene a este mundo cualquier ser humano, porque lo que no se ve en ese cigoto, que es su Cuerpo en estadio unicelular, es su Alma Santísima y su Persona Divina, la Segunda de la Trinidad.

         Otro aspecto que también debemos considerar al meditar en la Anunciación y Encarnación del Verbo es que a partir de la Encarnación del Verbo como cigoto, cada cigoto verdadera y totalmente humano, el cigoto que sí es concebido por el concurso del varón y de la mujer, se convierte en una imagen viviente del Verbo de Dios encarnado, un Dios que vino a nuestro mundo como cigoto y por ese solo motivo merece y debe ser tratado como algo sagrado e inviolable, como dice Su Santidad Juan Pablo II: “La vida humana es sagrada e inviolable” (cfr. Evangelium vitae 53). A ese cigoto, imagen del Dios Viviente, que es ya una persona humana con su acto de ser y cuyo primer derecho humano es el derecho a la vida, es al que nos comprometemos a defender en su primer derecho, el derecho a vivir. Y así también defendemos el derecho de Dios, el derecho que Dios como Creador de la vida humana tiene y es que el cigoto, obra de su Sabiduría y de su Amor divinos, no solo no sea destruido, sino que viva, primero en esta vida y luego en la vida eterna.