El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir
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miércoles, 11 de diciembre de 2013

La película "Invictus", o cómo hacer del abortista Nelson Mandela un falso héroe



Que el cine es un instrumento de opresión ideológica y de lavado de cerebro no es un secreto para nadie. Y si no que se lo digan al cine español, que viene haciendo exactamente eso. 
"Invictus" presenta una versión edulcorada de Mandela, amigo de regímenes como el castrista, el chino o el de Mugabe  y antiguo líder del aparato militar -terrorista- del CNA.

En España, fechorías como la de la "memoria histórica" jamás hubieran sido posibles sin la manipulación de masas que ha supuesto el cine español en los últimos años. Eso sucede también a nivel internacional y un buen ejemplo de ello es la película Invictus, que da una imagen completamente distorsionada de uno de los iconos de la progresía -y también de los liberales- de todo el mundo: Nelson Mandela. La película supone un serio intento de consolidar al antiguo líder del Congreso Nacional Africano (CNA) como un ídolo moderno.

Clint Eastwood relata en Invictus el triunfo del equipo sudafricano de rugby liderado por François Pienaar en la Copa del Mundo de rugby. El triunfo queda asociado a la figura de Nelson Mandela, que da a los miembros del equipo los uniformes verdes y amarillos, símbolo de la "Nueva Sudáfrica" post-apartheid. El hábil gesto deMandela le ganó el apoyo de muchos sudafricanos blancos y consiguió que buena parte de la población le identificara con los colores nacionales. Sin embargo esto no es todo, ya que tan solo se trataba de un mero gesto en el océano de la violencia marxista que asolaba la Sudáfrica de entonces.
br> La película edifica toda su estrategia de manipulación sobre los estereotipos raciales políticamente correctos de los blancos fanáticos y crueles y los negros oprimidos y bondadosos. Se trata de un estereotipo ya recurrente en el cine y en los medios en general, muy empleado en la guerra de propaganda que ciertas fuerzas -especialmente interesadas en la progresión del Nuevo Orden Mundial- emplean contra Occidente. En estas coordenadas, pronto resulta evidente que detrás de Invictus, una película magistralmente llevada y de enorme belleza cinematográfica, hay una clara intencionalidad política.

Primero, lo más sorprendente es la manera en que el triunfo se vincula a la figura de Nelson Mandela, por entonces solo un astuto político más al servicio del imperialismo soviético. Su estrategia de apoyo al equipo de rugby, en contra de las intenciones de su propio partido, constituyó un movimiento genial que, si bien aparece en la película, ignora deliberadamente el contexto complejísimo de la Sudáfrica de entonces. Eastwood no puede -no puede honestamente- separar la figura de Mandela de los treinta años de terrorismo y violencia por parte del CNA. En este sentido, la película recurre a reiterados flashbacks del encarcelamiento de Mandela en la isla de Robben, un lugar donde, según la película, parece que Mandela fue a parar por oponerse al apartheid. De manera subrepticia, se oculta que otros personajes de la Sudáfrica de entonces, como el obispo Desmond Tutu, se opusieron igualmente al apartheid sin ser jamás encarcelados. Entonces, ¿por qué fue encarcelado Mandela? El hecho es que Mandela no recibió siquiera el apoyo de Amnistía Internacional ya que, pese a cometer numerosos crímenes violentos, había tenido un juicio justo y había sido razonablemente sentenciado.

Mandela era el dirigente del brazo armado del CNA y del Partido Comunista de Sudáfrica, el célebre "Umkhonto we Sizwe". Fue hallado culpable de 156 actos de violencia pública que incluían oleadas de atentados con bomba, muchos de ellos en lugares públicos, como el atentado de la estación de ferrocarril de Johannesburgo. Pese a que el presidente Botha ofreció a Mandela la libertad en varias ocasiones si renunciaba a la violencia, su ofrecimiento siempre fue rechazado. La película transmite la idea de que los negros tienen todo que perdonar a los blancos y que este es el fin de la historia. No se dice una palabra de las décadas de violencia espantosa del CNA no solo hacia los blancos sino hacia otros negros que no pertenecían al CNA. La Sudáfrica del apartheid, pese a todos sus defectos, atraía a dos millones de trabajadores de las naciones vecinas, muchas en poder de regímenes marxistas, fracasados y sanguinarios. La película silencia las bombas en los grandes almacenes o incluso en instalaciones nucleares, la supresión de críticos y opositores o el terrible necklacing -la especialidad de las guerrillas de CNA- en el que la gente, con frecuencia otros negros, eran quemados vivos con un neumático en torno al cuello incendiado con gasolina. Por entonces, los terroristas de Mandela asesinaron y torturaron a miles de campesinos blancos para, más tarde, reintegrarse en el Ejército Sudafricano actual, sin que ninguna plañidera internacional haya pedido un "ajuste de cuentas" como se hace con Chile o Argentina. Por muchísimo menos de lo que Mandela hizo en su día, Hamas o Hizbolah son tildadas de "terroristas" en todo el mundo occidental.

Tampoco habla la película del apoyo de Mandela y su partido a regímenes así mismo sanguinarios como el régimen castrista, el de Robert Mugabe o el régimen chino. Aunque Invictus liga la victoria del equipo de rugby a la figura de Mandela, no hace igual, como correspondería en justicia, con el crimen galopante y la ruina de la economía. En la película, solo durante un momento Mandela mira los titulares de un periódico en el que se habla de crimen y ruina económica. Esto no hace justicia en absoluto a la situación real: de hecho, durante los 46 años de gobierno del Partido Nacional, 18.000 personas murieron en tumultos, atentados o en calidad de víctimas de la policía o el ejército. La cifra contrasta con las 20.000-25.000 personas que mueren todos los años en la actual Sudáfrica, en tiempo de paz, convertida en uno de los países más violentos del mundo. Además, la Sudáfrica del apartheid, abominada por todos, se hallaba entonces en una situación económica que hoy debería de envidiar: pese a estar entonces acosada por el bloque soviético en un amplio frente subversivo y por las sanciones de los EEUU y sus aliados, pese a sostener una guerra instigada desde Cuba en su frontera, el Rand era mucho más fuerte de lo que es hoy. La Sudáfrica de Nelson Mandela, sin ninguno de esos problemas, es ya un gigantesco fiasco económico y ha dejado de sacar las castañas del fuego a los países circundantes que, dicho sea de paso, cuentan con todas las bendiciones de la comunidad internacional de naciones "democráticas".

Por último, queda por señalar el giro copernicano impuesto por el gobierno de Mandela en lo moral. De hecho, precisamente él y sus camaradas del CNA son quienes legalizaron en Sudáfrica cuestiones como el aborto -legal desde el 1 de febrero de 1997-, la pornografía y el juego. Nada de esto sale en la película, por supuesto. Como tampoco sale -ha sido completamente distorsionado- la importancia que para los componentes de aquél equipo de rugby tenía su fe cristiana. Sorprendentemente, y pese a que la película indica justo lo contrario, es un hecho constatable que aquél histórico equipo oraba tras cada victoria en el terreno de juego. El propio líder del equipo, François Pienaar, declaró en una entrevista a la BBC en 1995 tras la victoria que, cuando sonó el silbato que indicaba el final del encuentro "me puse de rodillas. Soy cristiano y quería decir una rápida plegaria por hallarme en aquél acontecimiento maravilloso y no solo por ganar. De repente, todo el equipo estaba en torno mío; fue un momento especial".

Toda este simplismo a la hora de tratar una situación incomprensible sin conocer el contexto africano de entonces, la guerra fría y el papel del CNA en la subversión de todo el Sur de África, solo puede entenderse como un acto de pura propaganda, encaminada a fabricar un falso héroe a la medida de los intereses de la mundialización.

martes, 10 de diciembre de 2013

Por la ley del abortista Nelson Mandela, murieron más de un millón de niños

Nelson Mandela: luces y sombras

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El histórico líder del movimiento de liberación del apartheid en Sudáfrica también legalizó el aborto a pedido por el que han muerto más de 1 millón de niños.
(ArgentinosAlerta.org) El histórico líder del movimiento de liberación del apartheid en Sudáfrica y primer presidente realmente elegido por todo el pueblo sudafricano. Nelson Rolihlahla Madiba Mandela había nacido en Sudáfrica el 18 de julio de 1918, descendiente de una rama secundaria de la familia real de los Thembu, una tribu Xhosa. Madiba es el nombre de su clan familiar. Rolihlahla, en Xhosa, quiere decir “uno que da problemas”. Gracias al estatus elevado de su familia, Mandela fue admitido en la Fort Hare University de Alice, un instituto reservado a la elite negra.
Su primer, valiente acto de libertad se remonta a 1940 cuando descubrió que su familia, según una tradición aún en uso en África, había pactado su matrimonio. Mandela rechazó casarse con la mujer elegida, atrayéndose así la reprobación general. Aún ahora, en África no es fácil sustraerse a la voluntad del cabeza de familia, discutir la autoridad de los ancianos, violar las instituciones tribales. En esa época, era imposible si se quería seguir formando parte del clan y de la propia tribu. Mandela sólo podía quedarse y obedecer, o bien irse antes de sufrir un severo castigo y, en cualquier caso, el alejamiento forzado. Decidió huir. Volvió a Johannesburgo donde, ya privado del apoyo familiar, para poder vivir trabajó como guardia nocturno. En 1943 consiguió inscribirse en la Facultad de Derecho de la University of Witwatersrand de Johannesburgo, único estudiande negro. Ese mismo año se unió al African National Congress, ANC, el partido nacido en 1912 para defender los derechos de la población negra, y en 1944 contribuyó a la fundación de la Liga juvenil del partido.
En 1948, con la victoria electoral del National Party, que gobernaría hasta 1994, el régimen de apartheid tomó definitivamente forma y Mandela, que entonces había empezado a ejercer la profesión de abogado, figuró desde el principio entre los personajes relevantes en la lucha contra la segregación racial. En 1952 fue elegido presidente del ANC en Transvaal. Entre 1952 y 1961 fue muchas veces arrestado por actividades sediciosas y liberado. Después, en 1962, fue acusado de sabotaje y conspiración para derrocar al gobierno y por tanto condenado a cadena perpetua.
Transcurrió en prisión 27 años, durante los cuales se convirtió en un mito, el símbolo de la lucha contra el apartheid. Liberado en 1990, también gracias a las presiones internacionales, Mandela fue elegido presidente del ANC que llegó a la victoria en 1994, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas en el país con el sufragio extendido a todas las etnias. En 1993, junto al presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk, era distinguido con el Premio Nobel por la paz. Elegido presidente de la república en 1994, formó un gobierno de unidad nacional, dio al país una nueva constitución, creó la Comisión verdad y reconciliación, encargada de indagar sobre las violaciones de los derechos humanos cometidas durante el régimen de apartheid, inició una reforma agraria y planes de lucha contra la pobreza y la potenciación de los servicios sanitarios. En 1999 rechazó optar a un segundo mandato presidencial, y como jefe del estado le sucedió Thabo Mbeki, a quien Mandela había ya cedido el cargo de presidente del ANC en 1997.
El mito de muchos líderes africanos, aclamados como héroes de la lucha por la independencia, venerados “padres fundadores” de sus naciones, no ha durado mucho: conquistado el poder, se revelaron después cínicos, irresponsables y desenfrenadamente corruptos, dispuestos a desencadenar guerras civiles e incluso genocidios para conservar el control del aparato estatal y acceder sin límites a las riquezas nacionales, sin importarles la suerte de sus compatriotas.
No fue así para Nelson Mandela, que ha conservado hasta el final el carisma y el aura que le rodearon durante décadas y una imagen discreta, moderada e íntegra también cuando su partido, el ANC, degeneraba, de escándalo en escándalo, y una lucha interna por el poder, hasta entregar el país al actual presidente, Jacob Zuma, elegido en 2009 a pesar de las acusaciones de corrupción, fraude y blanqueo de dinero sucio y una vida privada discutible, por decir poco. Cuando Mandela, desde hacía tiempo alejado de la escena política, apareció inesperadamente al lado de Zuma durante una reunión del ANC para apoyar a ese candidato a la presidencia tan alejado de los ideales que él encarnaba, muchos se preguntaban: Madiba, ¿por esto has luchado?
Mandela legalizó el aborto a pedido
En 1996 Mandela firmó la ley de "elección de finalización de embarazo" (Choice on Termination of Pregnancy Bill) que permite el aborto a pedido. La ley fue presentada al parlamento sudafricano por el entonces ministro de salud de Mandela, Nkosazana Dlamini-Zuma. El Congreso Nacional Africano de Mandela tenía un fuerte compromiso ideológico a favor del aborto. La Liga de Mujeres del CNA fue la que presionó fuertemente a favor del aborto a pedido.
La Iglesia Católica en Sudafrica denunció en 2012 que después de 15 años de aborto, han muerto 1 millón de niños sudafricanos. 
El grupo abortista NARAL de Estados Unidos reconoció tras la muerte de Mandela que durante su mandato se reemplazó una de las leyes más restrictivas de aborto por una ley de aborto libre:


Vivió hasta ver a la policía del gobierno guiado por su partido disparar a matar contra los mineros en huelga, no una, sino tres veces en menos de un año. En agosto de 2012 en la mina de la Lonmin en Marikana murieron así 34 mineros: fue el más cruento empleo de la fuerza contra civiles por parte de la policía sudafricana desde 1960 y el final del apartheid, comparada con la matanza de Sharpeville, en pleno régimen del apartheid, cuando las fuerzas del orden dispararon matando a 69 personas.
En 1994 el eslogan del ANC era: “una vida mejor para todos”. Sin embargo dejó un país donde la tercera parte de la población y más de la mitad de los niños vive bajo el umbral de la pobreza y donde desde el final del apartheid, la tasa de desempleo ha aumentado, hasta superar el 25%, lo mismo que ha aumentado la diferencia entre ricos y pobres.

Artículo elaborado con información de Aletheia y LifeSiteNews.
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sábado, 7 de diciembre de 2013

Nelson Mandela, abortista

Nelson Mandela, máscara de otra logia.


El reciente fallecimiento del político africano Nelson Mandela despertó una oleada de artículos y programas 
televisivos absolutamente favorables, a tal grado de insistencia, que hasta parecía que se lo intentaba 
canonizar. Lo más curioso de esta movida mediática gramsciana-cultural (decimos gramsciana por el método 
utilizado por los órganos que promueven la cultura) es que algunos grupos católicos, también siguiendo 
la corriente mediática, se han sumado a la loa. Con la falsa argumentación de algunos de que “hay que ver 
lo bueno que hizo y no lo malo”, se termina también desfigurando al ya desfigurado personaje. Y terminamos 
viendo muy a menudo que, en nombre de lo políticamente correcto, nos entregamos a una verdadera lobotomía 
de cerebros, si no discernimos y analizamos lo verdadero de lo falso que nos puedan estar diciendo los noticieros 
y periódicos, y si no tenemos en cuenta que el gran aparato mediático mundial está en manos de la 
reingeniería social anticristiana.
Nelson Mandela, entre otras cosas en contra de la vida y la familia (y el orden natural y cristiano), 
en 1997 impuso contra la voluntad explícita y pública del pueblo africano, la ley del aborto libre.
Publicamos un breve artículo del P. Claudio Sanahuja (especialista en temas de reingeniería social
anticristiana y editor del portal Noticias Globales) que muestra otro de los aspectos de Mandela y su vinculación 
con la secta masónica.


La reingeniería anticristiana de las religiones. The Elders: Abortistas y pro homosexuales. Los 12 Ancianos.

Por Juan C. Sanahuja

Dentro de los grupos de presión que impulsan la reingeniería social anticristiana, en julio pasado apareció
una vez más en la prensa The Elders (Los Ancianos), un grupo formado por el sudafricano Nelson Mandela y 
sostenido por el millonario Richard Branson (Virgin Group) y por el músico Peter Gabriel (The Peter Gabriel 
Foundation), ambos ingleses, quienes sólo para el lanzamiento de la logia, en 2007, recaudaron 9 
millones de libras esterlinas.

Según la información oficial, The Elders “es un grupo independiente de eminentes líderes mundiales, 
reunidos porNelson Mandela, que ofrecen su influencia colectiva y experiencia para apoyar la 
consolidación de la paz, ayudar a solucionar las principales causas de sufrimiento humano y promover 
los intereses comunes de la humanidad”.

El 2 de julio pasado, The Elders hizo público que se dedicaría a forzar un cambio en las “religiones 
tradicionales”, para que permitan a las mujeres convertirse en ministros, sacerdotes y obispos
como primera acción de su programa Igualdad para Mujeres y Niñas (Equality for Women & Girls).
 “La justificación de la discriminación contra mujeres y niñas basada en la religión o en las tradiciones, 
como si fuera algo prescrito por una Autoridad Suprema, es inaceptable”, dice la declaración, haciendo un llamado 
a líderes de todos los ámbitos a “confrontar y cambiar enseñanzas y prácticas malsanas 
que justifican esta discriminación contra la mujer”.

El portavoz de la iniciativa fue el ex-presidente norteamericano Jimmy Carter, quien tras 60 años de 
pertenencia, abandonó la Convención Bautista del Sur y anunció que lucharía junto con Koffi Annan
el obispo anglicano Desmond Tutu, Fernando H. Cardoso y todos los otros miembros del grupo para que 
las religiones nodiscriminen a la mujer.
Relaciones

A través de Mabel van Oranje, su Chief Executive OfficerThe Elders se relaciona con el European Council on Foreign Relations, con el Foro Económico Mundial de Davos (vid. NG 256) y con el Open Society Institute deGeorges Soros, (vid. NG 205735804908961).

Los 12 Ancianos

El The Elders fue presentado en sociedad por Nelson Mandela en 2007. Está compuesto por él y otros 11 
“líderes mundiales” (*). Entre los doce destacan varias cabezas visibles de la internacional del 
aborto y del homosexualismopromotores de una nueva religión universal, en sus variados 
intentos: ética planetaria,Carta de la TierraAlianza de las Civilizaciones, etc. (vid. NG 337738772).

-Kofi Annan, ex Secretario General de la ONU; promotor del aborto y del homosexualismo, 
(vid. entre otros, NG214291331337338599631765).

-Ela Bhatt, de la India. Recibió el Right Livelihood Award, llamado Premio Nobel de la Paz alternativo 
(vid NG 850).

-Lakhdar Brahimi de Argelia; ex asesor especial del Secretario General de la ONU (2004); 
miembro a su vez de otro grupo de presión de líderes políticos, la Global Leadership Foundation.

-Gro Brundtland, ex-primer ministro de Noruega; organizó la comisión de Medioambiente y 
Desarrollo de la ONU; ex directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS); fundadora de la Comisión de Gobernabilidad Global; abortista y pro-gay; (vid. NG 04214254481489679771831852, entre otros).

-Fernando Henrique Cardoso, ex-presidente de Brasil, fundador de la Comisión de Gobernabilidad Global 
(**); (vid. NG 679).

-Jimmy Carter, ex-presidente de USA, fundador de la Comisión de Gobernabilidad Global; (vid. NG 679).

-Graça Machel, tercera mujer de Nelson Mandela.

-Mary Robinson, ex-presidente de Irlanda y ex-Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU; 
abanderada del pseudo derecho al aborto y del lobby gay internacional; en contra del orden natural
impulsa la Ethical Globalization Initiative; (vid. entre otros, NG 214526527679865868).

-Desmond Tutu, obispo anglicano abortista y pro-gay; (vid. NG 256548679772851).

-Muhammad Yunus, creador del Grameen Bank.

-Aung San Suu Kyi, activista política de Burma/Myanmar.
___________________________________________
(*) En el primer listado de 2007, figuraba como miembro de The EldersLi Zhaoxing, ex ministro de 
Relaciones Exteriores de China comunista.
(**) Para más datos, vid. J. C. Sanahuja, El Desarrollo Sustentable. La Nueva Ética Internacional, Vórtice,
Buenos Aires.