El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir
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lunes, 28 de noviembre de 2022

La Sabiduría Divina de la Iglesia, manifestada en su ley por la cual administra la Sagrada Comunión en la boca

 



          El siguiente artículo es en respuesta a la nota publicada en un medio digital, titulada: “La comunión en la boca o los ritmos desconcertantes de la Iglesia”. El enlace es el siguiente:

https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-comunion-en-la-boca-o-los-ritmos-desconcertantes-de-la-iglesia-nid26112022/?fbclid=IwAR0-Tgca3E3DsVdNczkHgxnrhFlkPf3mpixNnIJ6Dbpb52151dnq4eSFWRo

          Antes que nada, hay que decir que la carta en su totalidad trasunta un cierto prejuicio contra la Iglesia Católica, prejuicio -infundado- que se deja ver al inicio cuando, citando a Louis Pasteur y comentando que “le costó” que sus propios colegas reconocieran sus descubrimientos, cierra el párrafo haciendo una analogía implícita con la Iglesia, colocando a la Esposa de Cristo del lado de los “incomprensores” -perdón por el neologismo-, es decir, colocando a la Iglesia del lado de los “malos”, los “tercos”, los que se oponen a todo progreso, en este caso, científico. Esto es lo que deja entrever la nota cuando al finalizar el primer párrafo dice: “Pero cómo le cuesta a ella (a la Iglesia Católica, N. del R.) adaptarse en algunos asuntos”. Y lo destaca en negritas, como destacando esta anti-cualidad de la Iglesia, la de “no adaptarse” a los “benéficos cambios” que la omnisciente ciencia propone, siempre e indefectiblemente -según la mente de los progresistas-. El primer párrafo dice literalmente así: “Hoy sabemos cosas que antes no se sabían. Estos conocimientos nuevos imponen modificaciones a las costumbres. La pandemia que hemos atravesado puso de relieve cuestiones que son materia de debate. Al respecto, hay cosas que ya estaban claras desde el siglo XIX, gracias sobre todo a Louis Pasteur: por ejemplo, que hay organismos vivos que nos habitan o visitan, algunos de los cuales son benéficos y otros muy perjudiciales. A Pasteur le costó que sus propios colegas, en el microscopio, los reconocieran. Siempre lo nuevo es desconcertante. Esto también es aplicable a la Iglesia. Pero cómo le cuesta a ella adaptarse en algunos asuntos”.

          Luego, una primera afirmación, absolutamente falsa y carente de toda información científica que la respalde: “en lo que todos coincidieron fue en que el peligro de contagio estaba en la boca y había que taparla”. Esta afirmación es falsa de toda falsedad; no hay ningún estudio científico que avale el uso del cubrebocas -fuera del ámbito del quirófano o de la guardia médica, se entiende- y por el contrario, hay decenas de estudios[1] que afirman lo opuesto: el uso del tapabocas, tal como se implementó en la pandemia, no produjo ningún descenso significativo en la tasa de contagios, es decir, todos los estudios científicos llegaron a la misma conclusión: da lo mismo usar o no usar el tapabocas, puesto que no reduce en lo más mínimo la tasa de contagios. Y en sentido contrario, hay estudios que prueban el daño -psicológico y biológico, sobre todo en niños- del uso irracional del tapabocas. Entonces, el uso de tapabocas, demostrado científicamente que es irracional tal como se lo implementó en la pandemia, es citado por la nota como algo positivo, cuando no lo es.

          Luego, otra afirmación temeraria, errónea, falsa y carente de toda lógica y de sentido común: “Es obvio que aquella medida (la implementación obligatoria de la comunión en la boca en ocasión de la gripe A, N. del R.) y que las sugerencias durante la pandemia han estado apoyadas en la certeza de que la costumbre de comulgar en la boca es antihigiénica y riesgosa”. No es “obvio”, ni que la comunión en la mano es “segura”, ni mucho menos que la comunión en la boca es “antihigiénica y riesgosa”. ¿Antihigiénica? Si las manos del sacerdote están limpias -para eso está la purificación previa a la consagración- y si el sacerdote tiene precaución en no tocar la lengua o los labios del comulgante, en el momento de la comunión, no hay ningún motivo para afirmar, temerariamente, que la comunión en la boca es “antihigiénica y riesgosa”. ¿Dónde están la antihigiene y el riesgo? Sólo en la mente ideologizada del autor del artículo. Y si hubiere un mínimo riesgo de falta a la higiene, el sacerdote bien puede llevar un manutergio en la muñeca izquierda, impregnado en alcohol, para “purificarse” los dedos antes de cada comunión, con lo cual, la supuesta “antihigiene” de la comunión en la boca, se reduce a cero (0). Por otra parte, si entramos en la lógica irracional de la nota, entonces sería antihigiénico que una mamá, por ejemplo, alimente a su hijo de meses con un pedacito de pan cortado por sus propias manos, porque sería igualmente de antihigiénico. Los ejemplos pueden subir al infinito, tal es el nivel de absurdidad de la afirmación irracional de que la comunión en la boca es “antihigiénica”. Se debería prohibir a las mamás alimentar o suministrar alimentos, con sus manos, a sus hijos. Una locura.

          Más adelante, el autor cita casos en los que la Iglesia ha cambiado su praxis en relación, sobre todo, a la Sagrada Eucaristía y eso es verdad, pero siempre ha cambiado para mejor, es decir, ha habido una mayor comprensión, por parte de la Iglesia, que iluminada por el Espíritu Santo, ha profundizado en el conocimiento del absoluto respeto, devoción, piedad, que debe tenerse para con la Eucaristía, teniendo en cuenta que se trata del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. El argumento citado por el autor, se vuelve en su propia contra: la Iglesia sí ha cambiado la praxis para con la Eucaristía, pero siempre en el sentido de profundizar la sacralidad y el máximo respeto y adoración que se debe a la Eucaristía.

          Luego viene una serie de afirmaciones en las que el autor se coloca “de parte” de la ciencia, al mismo tiempo que hace aparecer a la Iglesia, como “opuesta” a la ciencia, al sugerir que el contagio se puede producir cuando el sacerdote introduce los dedos en la boca del comulgante. Esto ya ha sido refutado al inicio: aunque el autor de la nota no cita ni un solo artículo científico que apoye sus hipótesis, lo que afirma no se sostiene por ningún lado: como ya dijimos, si el sacerdote tiene la precaución de no tocar la lengua o los labios del comulgante, la posibilidad de infección-transmisión es nula y se reduce a menos cero si el sacerdote se purifica con alcohol mediante un manutergio impregnado en alcohol; sigue reduciéndose a menos cero la posibilidad de contagio si el comulgante sintomático permanece en su hogar -única justificación de aislamiento, el paciente sintomático-. La afirmación que hace el autor: “No se puede ser cientificista para el aborto y terraplanista para las infecciones”, es para él, puesto que él, que supuestamente es “cientificista”, se coloca en la realidad del lado del terraplanismo, cuando se trata de afirmar, científicamente, la inexistente posibilidad de contagio o de transmisión por comulgar en la boca.

          Con respecto a lo que afirma de las microgotas de saliva, no aporta ningún estudio científico, ni a favor, ni en contra, y coloca insidiosamente a los “médicos católicos” como “favorables a la comunión en la boca”, como si estuvieran conspirando para que se administre la comunión en la boca, cuando en realidad, como vimos, la posibilidad de contagio/transmisión es nula con la comunión en la boca.

          Luego hace una pregunta insidiosa que, desde el inicio, demuestra su desconocimiento médico-biológico del proceso de infección, además de ignorar lo que ya dijimos: si se toman las precauciones necesarias, el contagio/transmisión por la comunión en la boca es igual a cero (0).

          Después viene una afirmación gratuita -una más entre tantas-, carente esta vez de razón teológica: los que comulgan en la boca lo hacen porque han sido instruidos por los clérigos que están a favor de la comunión en la boca, a causa de una “sacralización hipertrofiada”, según la cual -no se entiende, teológicamente, de qué está hablando-, según la cual “sólo el clérigo puede tocar las especies consagradas”. Esto último no es ninguna “sacralización hipertrofiada”, sino una consecuencia de la recepción del Sacramento del Orden por parte de un varón consagrado como Sacerdote ministerial: sus manos están consagradas, precisamente, para confeccionar los sacramentos, el primero de los cuales, la Sagrada Eucaristía, algo que no pueden hacer los laicos que no reciben el Sacramento del Orden.

          La cita de la Instrucción Memoriali Domini, de 1969, en la cual se confirma como ley general la comunión en la mano y establece que la comunión en la mano “no puede establecerse en norma general”, es traída insidiosamente a colación como muestra -supuesta e infundada- del “atraso científico” de la Iglesia, porque al insistir con la comunión en la boca, estaría atentando -el autor no usa esta palabra, pero la da a entender- contra “el derecho a la salud y la vida”. Una acusación gravísima contra la Iglesia, contraria a la lógica, al sentido común, a la razón científica, a la piedad y al amor con el que debe ser tratada la Esposa de Cristo. Sin citar ningún documento de ninguna clase que sostenga o apoye, aunque sea mínimamente, su impiadosa y temeraria acusación, el autor afirma que la Iglesia Católica, con su ley general establecida que la Sagrada Comunión debe ser recibida en la boca, atenta contra el “derecho a la salud y a la vida”. Una gravísima acusación contra la Iglesia, sin fundamentos, rayana en la impiedad y el sacrilegio. Contrariamente a lo que afirma el autor –“ Claramente se trata de una norma general (algo que está lejos de ser un dogma de fe) que debe ser modificada”-, esta norma general no tiene razón de ser para ser modificada, aun cuando no sea un dogma de fe.

          En la siguiente afirmación estamos de acuerdo: “Habrá que apurar el aprendizaje de aspectos referidos a la higiene y la salud”. Por supuesto, hay que aprender sobre la higiene y la salud, para saber que medidas irracionales, como la prohibición de la comunión en la boca, es un argumento irracional, anticientífico y contrario a la sana teología católica, a la piedad y a la Verdad del Santísimo Sacramento del Altar, la Eucaristía.

          Está demás decir que nos oponemos diametralmente a la afirmación temeraria y falta de racionalidad con la cual cierra el artículo: “La comunión en la boca también se debe abandonar ya que es riesgosa y no es, de por sí, algo sagrado”. Afirmamos lo exactamente opuesto: la Comunión en la boca no solo no debe ser prohibida nunca, sino que se debe alentar, por ser, la Sagrada Comunión, lo más sagrado que tiene la Iglesia Católica, Dios Hijo encarnado, la Segunda Persona de la Trinidad, que prolonga su Encarnación en la Sagrada Eucaristía.

          Por último, nos asombran las afirmaciones desconcertantes, carentes de sentido común, de razón científica y de razón teológica, de algunos sacerdotes católicos.

          El autor de este artículo es sacerdote y médico.

          P. Álvaro Sánchez Rueda.

           



[1] https://cigotoypersona.blogspot.com/2021/09/el-mandato-sobre-las-mascarillas-no.html; https://fee.org/articles/cdc-schools-with-mask-mandates-didn-t-see-statistically-significant-different-rates-of-covid-transmission-from-schools-with-optional-policies/ ; https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8395971/ : Analysis of the Effects of COVID-19 Mask Mandates on Hospital Resource Consumption and Mortality at the County Level; Conclusions

There was no reduction in per-population daily mortality, hospital bed, ICU bed, or ventilator occupancy of COVID-19-positive patients attributable to the implementation of a mask-wearing mandate.

 

viernes, 8 de mayo de 2020

El Vaticano recordó en 2009 el derecho a recibir la comunión en la boca



Por Carlos Esteban | 05 marzo, 2020
Ante el creciente clamor para que las ‘recomendaciones’ de recibir la comunión en la mano se conviertan en prohibición de recibirla en la boca por el temor al coronavirus, la periodista de LifeSiteNews Diane Montagna rescata una comunicación de 2009 que reitera el derecho de los fieles de comulgar de este último modo.
Se trata de una carta dirigida a la Congregación para el Culto divino durante una fuerte epidemia de gripe en 2009, cuando se le consultó si las circunstancias aconsejaban que se diera la comunión exclusivamente en la mano. La respuesta fue negativa, reafirmando el derecho de los fieles a recibir el Cuerpo de Cristo de la forma tradicional.

“Este dicasterio hace notar que su Instrucción Redemptoris Sacramentum (25 de marzo de 2004) estipula claramente que “cada uno de los fieles tiene siempre el derecho a recibir la Santa Comunión en la lengua” (nº 92), y no es lícito negar la Sagrada Comunión a ningún fiel cristiano a quien no impida la ley recibir la Sagrada Eucaristía”, reza la respuesta de la congregación a la cuestión presentada.

Pero el miedo parece ser más fuerte el derecho ratificado por el Vaticano en esa instrucción. Una serie de diócesos francesas ya han dado el paso de prohibir la comunión en la lengua, permitiendo en cambio la comunión en la mano, lo que no hace más improbable el contagio. El obispo Joseph Galea-Curmi, auxiliar de Malta, informa LifeSiteNews, también ha hecho pública una directiva dirigida a las parroquias del país prohibiendo la comunión en la lengua “hasta que se emitan nuevas directrices”. En respuesta a la epidemia, prelados católicos en Jerusalén, Singapur, Filipinas, algunas diócesis de Estados Unidos y otras partes del mundo también han hecho públicas directivas o recomendaciones a favor de dar la comunión en la mano pero no en la lengua.

El obispo auxiliar de Astaná, en Kazajstán, Athanasius Schneider, por su parte, argumenta que “la comunión en la boca es sin duda menos peligrosa y más higiénica que la comunión en la mano”.

“Desde el punto de vista de la higiene, la mano es portadora de una enorme cantidad de bacterias. Muchos patógenos se transmiten a través de las manos […] Según un estudio de 2006, publicado en la revista ‘BMC Infectious Diseases’, los virus de la gripe y similares pueden sobrevivir en superficies inanimadas como manillas o barras en el transporte o los edificios públicos durante algunos días”, insiste.

Schneider calificó las prohibiciones de recibir la comunión en la lengua de “infundadas cuando se comparan con los grandes riesgos sanitarios de la comunión en la mano en tiempos de pandemia”. Para el obispo, es como si las autoridades eclesiásticas estuvieran usando el coronavirus como un “pretexto” para trivializar la recepción de la comunión.


(https://infovaticana.com/2020/03/05/el-vaticano-recordo-en-2009-el-derecho-a-recibir-la-comunion-en-la-boca/)