El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir
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viernes, 8 de agosto de 2014

¿Qué se entiende por distanasia?




La distanasia (del griego "dis", mal, algo mal hecho, y "thánatos", muerte) es etimológicamente lo contrario de la eutanasia, y consiste en retrasar el advenimiento de la muerte todo lo posible, por todos los medios, proporcionados o no, aunque no haya esperanza alguna de curación y aunque eso signifique infligir al moribundo unos sufrimientos añadidos a los que ya padece, y que, obviamente, no lograrán esquivar la muerte inevitable, sino sólo aplazarla unas horas o unos días en unas condiciones lamentables para el enfermo. 

La distanasia también se llama "ensañamiento terapéutico" y, "encarnizamiento terapéutico", aunque sería más preciso denominarla "obstinación terapéutica".

Comité Episcopal para la Defensa de la Vida
Conferencia Episcopal Española

miércoles, 22 de agosto de 2012

Familiares de enfermo en coma piden se lo deje morir de hambre y sed



         Por terrible que parezca, el hecho es verdad: las propias hermanas biológicas de Marcelo Diez, un hombre de 45 años que desde 1994 permanece en estado de inconsciencia permanente, no solo piden que se le retiren la alimentación y la hidratación, sino que se oponen duramente a la compasión del obispo de Neuquén, Mons. Virginio Bressanelli. Precisamente, Mons. Bresanelli, en un acto de caridad, emitió un comunicado público en el que se opone al pedido de las hermanas de Marcelo Diez, por considerar que son los tratamientos médicos mínimos indispensables que deben brindarse a todo ser humanos, para tener precisamente una “muerte digna”.

         El señor Diez, tal como lo expresa Mons. Bresanelli, se encuentra en un “estado de inconsciencia persistente”, al tiempo que “goza de una salud física estable. No está conectado a nada. No es un enfermo terminal. No está sometido a terapia alguna, por lo tanto no se practica sobre él un ensañamiento terapéutico que le prolongue artificialmente la vida. No manifiesta tampoco estar sometido a algún dolor físico, psicológico o espiritual” (http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=37909).

         Agrega el comunicado que “al paciente se le garantiza la alimentación e hidratación, así como otras medidas que dentro de su cuadro le otorgan la calidad de vida digna que merece todo ser humano, como son la higiene, el afecto y la atención espiritual. “Sus reacciones se leen en su rostro, que se ilumina al escuchar música, o que manifiesta cansancio cuando algo lo aturde”.

Por ello, “quitarle las atenciones que hoy se le brindan lo condenaría a una muerte atroz. Eso configuraría una eutanasia por omisión y un delito por abandono de persona”.

Quitar la alimentación y la hidratación constituirían un claro acto de eutanasia por omisión, condenado por la ley de “muerte digna” aprobada recientemente, tal como lo afirma la Corporación de Abogados Católicos, en un comunicado en el que califica de "moralmente inadmisible" que se prive a los enfermos terminales de hidratación y nutrición, porque ello constituiría un claro acto de eutanasia por omisión, que la misma ley de “muerte digna” condena y que fue aprobada el 9 de mayo (http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=37024).

Como lo expresa el comunicado del Sr. Obispo de Neuquén, el brindarle la hidratación y la alimentación, y los demás cuidados mínimos, no constituye de ninguna manera “ensañamiento terapéutico”, y por el contrario, quitarle esto que se le brinda, lo condenaría a una “muerte atroz”, pues moriría de hambre y de sed, las dos formas de muerte más dolorosas para un ser humano.

Apoyamos por lo tanto en su totalidad la posición del Sr. Obispo de Neuquén, nos solidarizamos con la familia, en su sufrimiento, y al mismo tiempo no podemos dejar de condenar la actitud de cierta prensa que, tergiversando los hechos, intenta hacer aparecer a la Iglesia como “oscurantista y retrógrada”, cuando los oscurantistas y retrógrados son quienes, movidos por oscuros intereses, ocultan y falsean la verdad.

viernes, 3 de junio de 2011

La muerte del Dr. Muerte

Como médicos católicos,

consideramos que la eutanasia

no es un acto médico,

sino una negación de la medicina

y de la humanidad.

La muerte no se celebra, ni se festeja. Ni siquiera cuando se trata de alguien familiarizado con la muerte, como el Dr. Kevorkian, quien “ayudó” a morir a unas 130 personas, a lo largo de su equívoco ejercicio de la profesión médica. La muerte sólo se anuncia, como lo hacemos ahora, y se anuncia siempre con pesar, porque todo ser humano que muere es hermano nuestro, ya que nos hace hermanos la naturaleza humana. Así consideramos al Dr. Kevorkian, aunque diferimos radical y substancialmente de sus puntos de vista acerca de qué cosa sea el ser humano, acerca de cuál sea el rol del médico, acerca de qué cosa sea la vida, acerca de qué cosa sea la enfermedad y el dolor, acerca de qué cosa sea la muerte.

Disentimos con el Dr. Kevorkian en todos estos aspectos, ya que nos ubicamos en las antípodas de su “pensamiento” y de su “praxis”, y con motivo de anunciar, con pesar, su muerte, expresamos las razones de nuestro disenso con sus puntos de vista y con su obrar.

Disentimos con el Dr. Kevorkian acerca de qué “cosa” sea el ser humano. Basados en su praxis, deducimos qué significa, para el Dr., apodado “Dr. Muerte” por organizaciones pro-vida, el ser humano: para él, el ser humano es, precisamente, una “cosa” con vida; un cuerpo animado, una materia vivificada por “algo”, sin destino trascendente, a quien se debe eliminar cuando se tiene la certeza de un diagnóstico irreversible que le provoca sufrimiento.

Sin embargo, para nosotros, médicos católicos, el ser humano es algo mucho más trascendente y misterioso que un mero cuerpo animado: es una imagen viviente de Dios; es un ser creado “a imagen y semejanza” del Ser divino; es un cuerpo unido substancialmente a un alma, y unido en tal manera, que no es ni cuerpo solo ni alma sola, sino cuerpo y alma, sujeto a un ciclo biológico, al final del cual, se separan, para dar lugar a la muerte, la cual debe sobrevenir a su debido tiempo, y si este proceso provoca dolor y agonía, debido a la dignidad intrínseca que posee todo ser humano, debe ser acompañado en su proceso agónico, aliviando sus dolores y sus penas, ayudándole a no perder de vista su trascendencia, en virtud de su alma, y jamás debe interrumpirse esa vida de modo artificial.

Los médicos católicos estamos a favor de una muerte digna, entendida esta como el justo equilibrio entre la eutanasia, o muerte provocada, y el ensañamiento terapéutico, el exacto opuesto a la eutanasia, pero igualmente cruel que esta, puesto que se intenta mantener con vida al paciente a toda costa, aún a costa de provocarle mayores dolores e inútiles sufrimientos.

La muerte digna, para un médico católico, consiste en proporcionar al paciente que agoniza y que sufre, la medicación paliativa necesaria y justa para aliviar, dentro de los límites de la medicina, el dolor y el sufrimiento.

Sin embargo, debido a la naturaleza del hombre, constituida por materia y espíritu, por alma y cuerpo, la atención encaminada a una muerte digna, nunca se limitará a la mera administración de medicamentos, o de cuidados básicos –hidratación, alimentación, higiene-, sino que se complementará, como algo esencial, con la asistencia espiritual, según la creencia del moribundo, y si no tiene ninguna creencia, se pedirán oraciones por su alma.

Lamentamos, entonces, como médicos católicos, la muerte del “Dr. Muerte”, como lamentamos la muerte de todo ser humano. Al mismo tiempo, al recordarlo, no podemos dejar pasar por alto nuestro radical y profundo disenso con su actitud a favor de la eutanasia, ya que consideramos que la eutanasia no es un acto médico, sino una negación de la medicina y de la humanidad.

Pedimos para el Dr. Kevorkian la piedad que él no demostró con los pacientes a los que “ayudó” a morir.