El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir
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jueves, 10 de octubre de 2019

Se acrecienta el cerco a los embriones, por Nicolás Jouve


Los embriones producidos 'in vitro', como seres humanos que son, deberían ser sujetos de protección y no objetos de manipulación. Lo peor está por llegar. El objetivo de los transhumanistas es manipular los embriones para satisfacer los deseos de crear seres humanos “mejorados".

Por Nicolás Jouve -09/10/2019

Cada vez son más los peligros que se ciernen en contra de las primeras horas de la vida humana, las de la etapa embrionaria. Naturalmente me refiero a los embriones procedentes de las técnicas de fecundación in vitro (FIV), que en lo único que se diferencian de los procedentes de una fecundación natural es en la artificialidad del método con que son producidos. Lo cierto es que la frialdad de su obtención en un laboratorio no altera su indudable naturaleza de vidas humanas.

Como seres humanos que son deberían ser sujetos de protección y no objetos de manipulación. Esto, que parece tan elemental está cada vez menos claro en la mente de científicos y creadores de opinión, que, tras olvidar que ellos pasaron por una etapa inicial embrionaria, se arrogan el derecho a decidir sobre el destino de los embriones obtenidos por FIV

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Con gran escándalo, nacieron en China las gemelas Lulu y Nana en noviembre de 2018, a partir de unos embriones en los que el investigador He Jiankui había llevado a cabo una operación de edición genética arriesgadísima, consistente en introducir una modificación en el gen CCR5, por la técnica de edición genómica CRISPR-Cas9, para conferir a estas niñas la resistencia al VIH y prevenir la aparición del SIDA del que su padre era seropositivo. Según el investigador, una de ellas ha adquirido la resistencia.

Por el hecho de que su padre fuese seropositivo para el VIH, las niñas no tenían por qué adquirir el SIDA, salvo exposición

En realidad, ya con anterioridad se habían modificado embriones con el citado gen por otros investigadores en China, como consta por dos publicaciones de 2015 y 2016. Pero la experiencia se había llevado a cabo en embriones inviables que no llegaron a ser implantados. La novedad es que ahora los embriones manipulados se habían transferido al útero de la madre y el embarazo había llegado a término. Ojala, además, no surjan problemas de salud en su desarrollo ni en sus potenciales hijos, cuando lleguen a la edad adulta. La citada técnica no es segura al 100% y puede determinar alteraciones en otras regiones del genoma.

Sin embargo, por el hecho de que su padre fuese seropositivo para el VIH, las niñas no tenían por qué adquirir el SIDA, salvo exposición, y la operación de la edición genética, con el importante riesgo de una alteración inapreciable en el genoma y transmisible a sus descendientes, no era necesaria.

Como bien señalan el filósofo transhumanista Julian Sabulescu y el genetista Peter Singer, destacados defensores de una “bioética utilitarista”, aun cuando la esperanza de un gran beneficio pudiera compensar un cierto riesgo, la probabilidad de que Lulu y Nana hubieran contraído el VIH es baja, y, por el contrario, los efectos desconocidos de la edición podrían costarles una vida normal (An ethical pathway for gene editing”. Bioethics. 33:221, 2019).

El caso conmovió a una gran parte de la comunidad científica y se alzaron múltiples voces en contra de lo anunciado por Jiankui, sembrando la duda sobre sí se había informado debidamente a la pareja sobre los riesgos y las posibles consecuencias para la salud de sus hijas y los descendientes de sus hijas, antes de recibir el obligado consentimiento informado.

Además de una técnica todavía insegura, se saltaba todas las normas éticas del ejercicio investigador y el modo de presentar el hecho era inapropiado, al haber sido difundido por medio de un vídeo, pero no publicado en ninguna revista científica. La reacción de la comunidad científica y bioética fue demoledora.

Más de 100 investigadores biomédicos chinos publicaron una declaración de condena del trabajo de Jiankui, señalando entre otras cosas que saltar directamente a experimentos con embriones humanos sólo puede ser descrito como una locura. Un editorial de la revista Nature urgía sobre la importancia de crear un Observatorio Internacional Interdisciplinario e invitar a personas autorizadas cuyas voces e inquietudes son actualmente inaudibles para encauzar este tipo de investigaciones en centros de innovación biológica, y aprovechar así toda la riqueza de la imaginación moral de la humanidad (Nature 555, 435, 2018).

Sin embargo, tras cuarenta años de la aparición de la FIV en el panorama de la reproducción humana asistida y de décadas practicando el Diagnóstico Genético Preimplantatorio (DGP), la pregunta a formular es ¿que esperaban quienes han convertido a los embriones humanos en objetos manipulables?

Si se ha llegado a instrumentalizar la vida humana hasta el punto de poner en riesgo la integridad biológica y personal de unos embriones y de sus descendientes es porque ha habido una relajación ética en torno al significado de esta etapa crucial de la vida humana.

Lo siguiente, y parece inevitable, es producir los embriones ad hoc para utilizarlos en experimentos, cosa prohibida por el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina

Una vez más hay que decir que la vida humana debe ser protegida de principio a fin, y que la vida empieza a partir de la fecundación, cuando se ha constituido la identidad genética del nuevo individuo, tras fusionarse los pronúcleos de los gametos masculino y femenino.

El cigoto es la primera realidad corporal de una nueva vida y su tránsito hacia la etapa embrionaria, que durará unas siete semanas. No es cierto que la vida humana empiece con la anidación, argumento que se utiliza falsamente para justificar la instrumentalización de los embriones. Se ha llegado incluso a enmascarar el significado biológico de esta etapa de la vida, llamando hipócritamente “preembriones” a los embriones procedentes de FIV. El preembrión es un embrión, como dice la Ley española de Reproducción Asistida de 2006, y la anidación es un hecho necesario para la continuidad del ciclo biológico de la vida humana, pero esta empezó varias horas o días antes de la implantación en el útero, sea esta artificial o natural.

Dos congresos internacionales celebrados en Washington D.C. en 2015 y 2018 sobre la edición genómica y numerosas instituciones científicas de la categoría de las Academias de Ciencias, Ingeniería y Medicina de los EE.UU., la Sociedad Internacional de Investigación con Células Madre y otras, han advertido sobre la conveniencia de seguir utilizando la edición genómica con fines médicos, pero no en embriones, sino en tejidos somáticos, y no para fines no médicos o de “mejoramiento”, sino para curar enfermedades.

Pero lo que realmente está en el aire respecto a las investigaciones con embriones, no es tanto la defensa de estas vidas humanas como al temor de que, por la propia inseguridad e imprecisión de las técnicas de edición genómica, se cometa un error que trascienda a las generaciones futuras, con todas las consecuencias para el avance de la aplicación de esta tecnología en lo que verdaderamente importa, corregir alteraciones genéticas y combatir las enfermedades. Las instituciones científicas no descartan que para cuando la técnica sea segura se lleve a cabo su aplicación en embriones con fines médicos.

En el mundo científico, sorprendió y provocó un gran debate la noticia de que en febrero de 2016 un equipo de investigadores del Instituto Francis Crick de Londres, había obtenido permiso de la Human Fertilisation and Embryology Authority, –HFEA–, del Reino Unido para modificar el genoma de embriones humanos con fines de investigación básica (K. Niakan y col. Nature 550: 67, 2017).

Poco después, la revista Nature publicaba un artículo, que describía la utilización en embriones de la técnica CRISPR-Cas9 con el fin de ensayar la corrección de una mutación genética específica. En estos experimentos no se utilizaron embriones de clínicas de FIV. En su lugar, Shoukhrat Mitalipov en la Universidad de Oregón en Portland y el español Juan Carlos Izpisua Belmonte, del Instituto Salk de Estudios Biológicos en La Jolla, California, entre otros, los producían en su laboratorio mediante la fertilización de óvulos donados con espermatozoides de un donante masculino portador de un gen mutado relacionado con una cardiomiopatía hereditaria (H. Ma et al. Nature 548, 413, 2017). Los resultados fueron solo parcialmente satisfactorios por cuanto entre los embriones manipulados aparecieron mosaicos genéticos o simplemente no se modificaron.

A pesar de que, en ninguna de estas investigaciones, a diferencia de lo realizado por He Jiankui, no se transfirieron los embriones al útero de una mujer para su gestación, en general nadie ha puesto reparos a su utilización y un comentario de Nature es bien elocuente: “Estos estudios proporcionan información importante sobre la biología de los embriones humanos” (Nature, 549: 307, 2017).

Habría que tener en cuenta que en cualquier caso se manipulan embriones humanos y, que, a pesar del optimismo, ni la eficacia, ni la exactitud, ni la seguridad ofrecen garantías para la utilización de este método para la corrección de mutaciones hereditarias en cualquier embrión.

Además, en cualquier caso, requerirá una doble manipulación de los embriones. En primer lugar, la utilización de CRISPR–Cas9, y en segundo lugar la realización de un DGP para asegurar el resultado, todo lo cual puede condicionar la viabilidad además de suponer el descarte de muchos embriones. Tampoco es de desestimar la posibilidad de modificaciones epigenéticas en unos embriones que sufren la doble manipulación.

Inyección intracitoplasmática de espermatozoides in vitro /Foter.com - CC BY-NC-ND
Inyección intracitoplasmática de espermatozoides in vitro /Foter.com – CC BY-NC-ND
El cerco a los embriones continúa y, a pesar de los riesgos y aunque no se haya dado ningún éxito en la edición génica en esta fase de la vida humana, parece haberse olvidado por completo su auténtica naturaleza, y se fomentan este tipo de estudios.

Hoy, más que nunca y a pesar de las moratorias y las palabras en contra, se considera que un embrión humano es susceptible de manipulación. Lo siguiente, y parece inevitable, es producir los embriones ad hoc para utilizarlos en experimentos, cosa prohibida por el Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina, o Convenio de Oviedo de 1997. Esto ya se empieza a ver como factible en sectores científicos influyentes, como por ejemplo en Canadá (Healthc Policy 13(3):10, 2018).

Pero lo cierto es que los embriones procedentes de FIV siguen siendo objeto de instrumentalización. Desvinculados de su verdadera naturaleza de vidas humanas y considerados como objetos se practica en ellos todo tipo de manipulaciones: como fuente de células madre; como recurso para eludir patologías en los hijos mediante su selección tras un DGP; para producir un bebé salvador (bebé medicamento); para investigaciones biomédicas de edición génica, etc.

Además, se comercializan mediante la maternidad subrogada, abierta a la adquisición de embriones en muchos países para la aplicación no solo en casos de parejas con problemas de infertilidad, sino para satisfacer el deseo de tener un hijo en los casos de parejas del mismo sexo, varones solos, o mujeres solas. Algo que en estos momentos está en discusión en el Parlamento francés donde se debate el Proyecto de Ley de Bioética, ampliamente contestado por muchos sectores de la sociedad.

Y lo peor está por llegar. El objetivo de los transhumanistas es manipular los embriones por la CRISPR-Cas9 para satisfacer los deseos de crear seres humanos “mejorados”, no solo en sus cualidades de salud, sino en las físicas e intelectuales. New Scientist lo adelantaba en un editorial: “La compañía Genomic Prediction afirma haber desarrollado pruebas de detección genética que pueden evaluar rasgos complejos, como el riesgo de algunas enfermedades y baja inteligencia, en embriones de FIV… el mismo enfoque podría utilizarse en el futuro para identificar embriones con genes que los hagan más propensos a tener un alto coeficiente intelectual” (Wilson, C. “Exclusive: A new test can predict IVF embryos’ risk of having a low IQ”. New Scientist. Nov. 2018). Una idea eugenésica y repugnante, pero, si siguen las cosas así, técnicamente posible.
(https://www.actuall.com/vida/se-acrecienta-el-cerco-a-los-embriones-por-nicolas-jouve/?fbclid=IwAR2Ze3CVaS00E-bGmJNxnzz2NPiv3liY9KbebY9b1KSgDD-MG2KAwvphVgI)

jueves, 18 de mayo de 2017

Papa Francisco: “Ninguna finalidad justifica la destrucción de embriones”

Papa Francisco: «Ningún fin puede justificar la destrucción de embriones humanos
2017-05-18
Francisco ha pedido que se busquen curas para enfermedades raras, pero demostró su rechazo absoluto a las investigaciones científicas que destruyen embriones humanos.

"Sabemos que ninguna finalidad, aunque sea noble en sí misma”, señaló, "puede justificar la destrucción de embriones humanos”.

De esta manera concluyó su discurso en un entrañable encuentro con más de un centenar de enfermos de Huntington y sus familias en el aula Pablo VI del Vaticano. 

FRANCISCO
"Sabemos que ninguna finalidad, aunque sea noble en sí misma, como que sea útil para la ciencia, para otros seres humanos o para la sociedad, puede justificar la destrucción de embriones humanos”.

(http://www.romereports.com/2017/05/18/francisco-ninguna-finalidad-justifica-la-destruccion-de-embriones)

RECIBE A AFECTADOS POR LA ENFERMEDAD DE HUNTINGTON

Papa Francisco: «Ningún fin puede justificar la destrucción de embriones humanos

El Papa ha recibido Aula Pablo VI del Vaticano a cientos de personas afectadas por la enfermedad de Huntington y sus familias. En su discurso ha advertido que no vale todo en la investigación para curar la enfermedad.
(InfoCatólicaEl Vaticano alberga estos días el mayor encuentro mundial dedicado al Mal de Huntington, en el que se desbate el tema del estigma y de la vergüenza que circundan la enfermedad. El evento nace de la condición vivida por familias provenientes de América del Sur, donde la enfermedad tiene una incidencia de 500 a 1000 veces mayor en relación a otras regiones del mundo.
Discurso completo del Santo Padre a enfermos, familiares y científicos:
Queridos hermanos y hermanas:
Los recibo con alegría y los saludo a cada uno de los que están aquí presentes en esta reunión y reflexión dedicada a la enfermedad de Huntington. Doy las gracias sinceramente a todos los que se han esforzado para que esta jornada se pudiera realizar. Agradezco a la señora Cattaneo y al señor Sabine sus palabras de presentación. Me gustaría extender mi saludo a todos los que llevan en su cuerpo y en su vida las huellas de esta enfermedad, así como a los que sufren otras enfermedades denominadas raras.
Sé que algunos de ustedes han tenido que realizar un viaje muy largo y difícil para estar hoy aquí. Se los agradezco y me alegro de su presencia. He escuchado sus historias y las dificultades que cada día tienen que afrontar; conozco la tenacidad y la dedicación con que sus familias, los médicos, el personal sanitario y los voluntarios están a su lado en este camino lleno de cuestas arriba, algunas muy duras.
Durante mucho tiempo, los temores y las dificultades que han caracterizado la vida de las personas enfermas de Huntington han provocado a su alrededor malentendidos, barreras, verdaderas marginaciones. En muchos casos, los enfermos y sus familias han experimentado el drama de la vergüenza, del aislamiento, del abandono. Pero hoy estamos aquí porque queremos decir a nosotros mismos y al mundo: «HIDDEN NO MORE!», «NUNCA MÁS OCULTA», «MAI PIÙ NASCOSTA!». No se trata simplemente de un eslogan, sino de un compromiso que todos debemos asumir. La fuerza y ​​la convicción con que pronunciamos estas palabras se derivan precisamente de la misma enseñanza de Jesús. Durante su ministerio, Él se encontró con muchos enfermos, se hizo cargo de su sufrimiento, derribó los muros del estigma y de la marginación que a muchos de ellos les impedía sentirse respetados y queridos. Para Jesús, la enfermedad nunca ha sido obstáculo para acercarse al hombre, sino todo lo contrario. Él nos ha enseñado que la persona humana es siempre valiosa, que tiene siempre una dignidad que nada ni nadie le puede quitar, ni siquiera la enfermedad. La fragilidad no es un mal. Y la enfermedad, que es expresión de la fragilidad, no puede y no debe llevarnos a olvidar el inmenso valor que siempre tenemos ante Dios.
También la enfermedad puede ser una oportunidad para el encuentro, la colaboración, la solidaridad. Los enfermos que se encontraban con Jesús quedaban regenerados sobre todo por esta toma de conciencia. Se sentían escuchados, respetados, amados. Ninguno de ustedes se debe sentir nunca solo, ninguno se debe sentir una carga, ninguno debe sentir la necesidad de escapar. Ustedes son valiosos para Dios, son valiosos para la Iglesia.
Me dirijo ahora a las familias. Quien sufre la enfermedad de Huntington sabe que nadie puede superar la soledad y la desesperación si no tiene a su lado personas que con abnegación y constancia se transforman en «compañeros de viaje». Ustedes son todo esto: padres, madres, esposos, esposas, hijos, hermanos y hermanas, que cada día, de manera silenciosa pero eficaz, acompañan a sus familiares en este duro camino. También para ustedes el camino se hace a veces cuesta arriba. Por eso los animo también a que no se sientan solos; a que no cedan a la tentación del sentimiento de vergüenza y de culpa. La familia es un lugar privilegiado de vida y dignidad, y pueden contribuir a crear esa red de solidaridad y de ayuda que sólo la familia es capaz de asegurar y a la que está llamada a vivir en primer lugar.
me dirijo a ustedes, médicos, personal sanitario, voluntarios de las asociaciones que se dedican a la enfermedad de Huntington y a las personas afectadas por ella. Entre ustedes hay también personal del Hospital «Casa Sollievo della Sofferenza» que, con su atención y su investigación, son una manifestación de la aportación que la Santa Sede quiere dar en este ámbito tan importante a través de una obra suya. El servicio de todos ustedes es muy valioso, porque la esperanza y el impulso de las familias que se confían a ustedes depende ciertamente de su compromiso e iniciativa. Son muchos los retos que plantea la enfermedad desde el punto de vista diagnóstico, terapéutico y asistencial. Que el Señor bendiga su trabajo: que sean un punto de referencia para los pacientes y sus familias, que en muchas ocasiones se ven obligados a hacer frente a las ya duras pruebas que la enfermedad comporta en un contexto socio-sanitario que, con frecuencia, no corresponde a la dignidad de la persona humana. Así las dificultades aumentan. Con frecuencia, la enfermedad se agrava por la pobreza, las separaciones forzadas y una sensación general de confusión y desconfianza. Por eso, las asociaciones y los organismos nacionales e internacionales son decisivos. Son como las manos de Dios que siembran esperanza. Son la voz de estas personas que quieren reivindicar sus derechos.
Por último, están aquí presentes genetistas y científicos que sin escatimar energías se dedican desde hace tiempo al estudio y la búsqueda de una terapia para la enfermedad de Huntington. Es obvio que se mira a su trabajo con mucha expectativa: la esperanza de encontrar un camino para la curación definitiva de la enfermedad depende de sus esfuerzos, pero también para la mejora de las condiciones de vida de estos hermanos y para su acompañamiento, especialmente en la etapa delicada del diagnóstico, cuando aparecen los primeros síntomas. Que el Señor bendiga sus esfuerzos. Los animo a realizarlo siempre con medios que no contribuyan a alimentar esa «cultura del descarte» que a veces se insinúa también en el mundo de la investigación científica. Algunas líneas de investigación, de hecho, utilizan embriones humanos provocando inevitablemente su destrucción. Pero sabemos que ningún fin, aunque en sí mismo sea noble ―como la posibilidad de una utilidad para la ciencia, para otros seres humanos o para la sociedad―, puede justificar la destrucción de embriones humanos.
Hermanos y hermanas, como ven son una comunidad grande y motivada. Que la vida de cada uno de ustedes, marcada directamente por la enfermedad de Huntington o comprometida cada día en acompañar el dolor y la dificultad de los enfermos, sea un testimonio vivo de la esperanza que Cristo nos ha dado. Incluso a través del dolor pasa un camino fecundo de bien que podemos recorrer juntos.
Gracias a todos. Por favor, no se olviden de rezar por mí, igual que yo rezaré por ustedes.

Enfermedad de Huntington

La enfermedad de Huntington es una enfermedad hereditaria que provoca el desgaste de algunas células nerviosas del cerebro. Las personas nacen con el gen defectuoso pero los síntomas no aparecen hasta después de los 30 o 40 años. Los síntomas iniciales de esta enfermedad pueden incluir movimientos descontrolados, torpeza y problemas de equilibrio. Más adelante, puede impedir caminar, hablar y tragar. Algunas personas dejan de reconocer a sus familiares. Otros están concientes de lo que los rodea y pueden expresar sus emociones.
(http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=29407)

sábado, 30 de agosto de 2014

Fallo de la Corte Suprema de Mendoza resguarda la vida de los embriones




Una pareja reclamaba a la Obra Social de Empleados Públicos la cobertura médica integral de una fertilización in vitro, combinada con el método de diagnóstico genético preimplantado



La Suprema Corte de Mendoza rechazó un recurso de amparo por el cual una pareja con problemas de fertilidad reclamó a la Obra Social de Empleados Públicos (OSEP) la cobertura médica integral de una fertilización in vitro, combinada con el método de diagnóstico genético preimplantatorio (conocido como DPG).

El fallo de la Corte mendocina sostuvo que los embriones son seres humanos y no pueden ser manipulados ni descartados, entre otros argumentos.
 
El fallo del Tribunal Supremo despertó la aprobación de asociaciones y movimientos, entre ellos, la Red Nacional de Laicos (Relai), que emitió un pronunciamiento reconociendo que la medida cumple con el principio de la protección integral del niño por nacer, desde el momento de la concepción, consagrado, entre otras normas por la Convención para los Derechos del Niño, que tiene jerarquía constitucional.
 
"Los promotores del amparo, en pos de un interés personal comprensible, pretenden tratar a la vida humana naciente como una ‘cosa’ o un ‘instrumento’ del que pueden disponer en su propio beneficio, cosa que de ninguna manera puede ser amparada por la Justicia. Los seres humanos por nacer son personas, en tanto que miembros de la especie humana y, por ende, titulares de derechos inherentes e inalienables. Las técnicas conocidas como DGP permiten que seres humanos ya concebidos sean tratados como objetos de investigación con el mero propósito de servir como instrumentos para buscar promover la salud de otros, permitiendo así su manipulación, selectividad, daño o destrucción", manifestó el presidente de la Relai, Justo Carbajales.
 
La Relai recordó que “las técnicas de diagnóstico genético prenatal son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el embrión o la madre, y están orientadas a posibilitar una terapia curativa precoz del niño. Sucede que no pocas veces éstas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad eugenésica, que acepta la selectividad de las personas para impedir el nacimiento de embriones afectados por alguna anomalía. Semejante mentalidad eugenésica es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de normalidad”.
 
"La Relai quiere felicitar y hacer público su apoyo a los jueces Jorge Nanclares y Alejandro Pérez Hualde, integrantes de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, por sus valientes votos y fallos, defendiendo los principios consagrados en nuestra Constitución Nacional sobre la protección de los derechos humanos de los niños por nacer", manifestaron.
 
La Red Argentina de Laicos es una red de redes, abierta a todos los hombres de buena voluntad que, participando o no de organizaciones sociales, sindicales, empresariales o eclesiales, trabajen en la promoción de una sociedad justa, fundada en la protección y defensa de la vida, la dignidad e inclusión social y la promoción de la familia como célula básica de la sociedad, y la educación como elemento esencial para la formación de una sociedad solidaria, equitativa y trascendente.

Más información: www.redlaicos.org.ar
Artículo originalmente publicado por AICA

sources: AICA

jueves, 11 de julio de 2013

¿Qué tiene de malo la fecundación in vitro?

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Los casos de infertilidad se multiplican en las sociedades occidentales. Muchas personas recurren a la Fecundación in vitro (FIV) y consiguen así tener el ansiado hijo. La Iglesia desde el principio se ha opuesto a esta práctica. ¿Por qué?

 08 jun 2012   Autor: Patricia Navas González 

Las técnicas de FIV son intrínsecamente inmorales porque comportan la producción de un embrión humano como si fuera una “cosa”. Por otra parte, estas técnicas tienen otras consecuencias, como la acumulación de embriones congelados, el riesgo de eugenesia y de la posterior utilización de embriones sobrantes como material de investigación.

La Iglesia no acepta moralmente la FIV por varios los motivos. En primer lugar, esta práctica tiene lugar fuera de la unión de los cuerpos de los cónyuges, por acción de terceras personas: es decir, somete la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biólogos, e instaura un dominio de la técnica sobre el origen y el destino de la persona humana (Donum Vitae - B§5 y Dignitas Personae – 2ª parte § 12).

En segundo lugar, el diagnóstico antes de la implantación del embrión es una práctica eugenésica, pues la vida humana es medida y seleccionada siguiendo sólo parámetros de "normalidad" y de bienestar físico (Juan Pablo II, Encíclica Evangelium vitae, n 63, Declaración del Consejo Pontificio para la Familia sobre la llamada reducción embrionaria – 12 de julio de 2000).

Además, la selección de embriones conlleva el aborto selectivo de los embriones “sobrantes”, una práctica eugenésica que para la Iglesia es “ignominiosa y totalmente reprobable” (Dignitas Personae – 2ª parte § 21, 22 y 23), y puede poner en peligro la vida de los demás embriones y de la propia madre (Declaración del Consejo Pontificio para la Familia sobre la llamada reducción embrionaria – 12 de julio de 2000, Dignitas Personae – 2ª parte § 14 y 15).

Si estos embriones no son destruidos sino congelados para ser posteriormente utilizados para la investigación o para fines terapéuticos, entonces nos encontramos ante un caso de mayor injusticia contra ellos, pues se les utiliza como un simple “material biológico” lo cual implica su destrucción (Dignitas Personae – 2ª parte § 19).

Cuando se trata de la inseminación o de la FIV heteróloga (es decir, con ovocitos o esperma procedentes de terceros o de donantes anónimos), se lesiona gravemente el derecho de un niño a tener un padre y una madre, y se contradice el sentido del propio matrimonio.



Aunque la Iglesia comprende los sufrimientos de los matrimonios que no pueden tener hijos, no puede ir contra la verdad: no existe el derecho a tener hijos, pero sí el derecho del hijo a ser procreado, en el respeto de su dignidad.

Tener hijos responde a una vocación natural y a un deseo legítimo de los esposos. Pero esta buena intención no es suficiente para otorgarles un “derecho a toda costa” a ese hijo (Donum Vitae B-§8 y B-§5).

La infertilidad puede tener muchas causas: pueden ser causas biológicas o anatómicas, pero también pueden ser de tipo social, como el aumento de la edad de los esposos, las dificultades económicas que en ocasiones lleva a aplazar en los padres la concepción de un hijo, el estrés cotidiano en particular entre las mujeres, los trastornos debidos a métodos anticonceptivos o abortivos durante los primeros años de la pubertad de las chicas…

La Iglesia es consciente de los sufrimientos que comporta la infertilidad (Dignitas Personae - Introducción §3) y no juzga a las personas. Ahora bien, tiene la obligación de iluminar las conciencias. Por ello recuerda que existe el derecho del niño a ser el fruto del acto específico del amor conyugal de los padres. Al mismo tiempo, aclara que no existe el “derecho al niño”: el deseo de los padres “no puede ser antepuesto a la dignidad que posee cada vida humana hasta el punto de someterla a un dominio absoluto. El deseo de un hijo no puede justificar la ‘producción’ del mismo” (Dignitas Personae 2ª parte §16).

La Iglesia califica determinadas acciones como “ilícitas” o a “excluir”, “permitidas” o “lícitas”. Ahora bien, con ello no busca erigirse en tribunal, ni condenar a las personas. Su misión consiste en facilitar la comprensión de las verdades de fe y su relación con los comportamientos en la vida. El primer deber de toda persona de buena voluntad consiste en formar su conciencia según un “objetivo” –el bien del niño por nacer- y no según el “subjetivismo”, la satisfacción del deseo de tener un hijo, aunque sea legítimo.



La Iglesia no está en contra de otras técnicas menos invasivas, y anima a la ciencia a seguir buscando soluciones que respeten la dignidad del ser humano

La Iglesia, contrariamente a lo que muchos creen, no se opone a la FIV y a otras técnicas porque sean “artificiales” (Dignitatis Personae – 2ª parte § 12), sino cuando atentan contra la dignidad del hombre. Y la dignidad del hombre requiere que su existencia sea un fruto “gratuito” del acto conyugal que sella el amor de sus padres.

Existen varios tipos de lo que se conoce como Ayuda Médica a la Procreación (AMP), desde técnicas poco invasivas como los tratamientos hormonales o las tecnologías naturales de ayuda a la procreación, a otros tipos más invasivos que sustituyen el acto sexual, como la inseminación artificial de espermatozoides en el útero. La técnica más intervencionista es la FIV por la que un espermatozoide es inyectado, en laboratorio, en un óvulo para desarrollar artificialmente embriones que son implantados después en el útero de la mujer.

La Iglesia no tiene, en principio, reparos éticos contra las técnicas no invasivas, entre ellas la NaProTecnología. Pero en el caso de las técnicas invasivas, advierte que las prácticas utilizadas lesionan la dignidad del hijo que va a ser concebido.

Además de sustituir el acto conyugal, por ejemplo, las inseminaciones artificiales son a menudo precedidas por una selección de espermatozoides según su sexo o su “calidad” de movilidad. Para Richard Nicholson, jefe de redacción del Bulletin of Medicals Ethics británico "la selección de los espermatozoides es uno de esos pequeños pasos que nos aproximan a la idea de que las personas deberían escoger el tipo de hijos que quieren. Y… desde el momento en que uno dice qué tipo de hijo quiere, dice también qué tipo de hijos no quiere”.

Este tipo de dilemas éticos se recrudecen con la FIV. En algunas técnicas, como la inyección de espermatozoides en el interior del citoplasma de un óvulo (ICSI), la inyección contra natura del flagelo transmite características genéticas “citoplasmáticas” del padre que algunos expertos consideran que podrían explicar ciertas malformaciones congénitas. En otras, como la fecundación mediante células sexuales “artificiales”, es decir, diferenciadas a partir de células madre adultas, algunos expertos lo califican como “encarnizamiento procreador”.

Una vez fecundados in vitro, es decir, en una probeta, estos embriones son implantados en el útero de la madre (biológica o “portadora”). Algunos países autorizan las implantaciones múltiples para paliar las dificultades de nidificación en la placenta del útero. En caso de éxito, se propone entonces a menudo una “reducción embrionaria” por aborto selectivo para no dejar que se desarrolle más que uno de los dos fetos.

lunes, 25 de marzo de 2013

Católicos coherentes no promueven fecundación in vitro, asegura sacerdote


Católicos coherentes no promueven fecundación in vitro, asegura sacerdote

BUENOS AIRES, 13 Sep. 11 / 09:01 am (ACI/EWTN Noticias).- El P. Jorge Gandur, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Caridad, en Tucumán (Argentina), señaló que la fecundación in vitro va contra la dignidad humana y significa la muerte de seres inocentes; por tanto un católico no es coherente si promueve o colabora con esta práctica.
En su carta pastoral publicada por la revista Familia y Vida Nº 18 del mes de septiembre, el sacerdote se refirió a la instalación de una clínica de fecundación artificial frente a la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua. "En la fecundación in vitro hay una inmensa cantidad de embriones que mueren como consecuencia de la manipulación a que son sometidos", señaló, a la vez que condenó la práctica de congelar embriones cuyo destino se desconoce.
"Los mismos institutos que la practican (la fecundación in vitro) en las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba, hace poco más de un año han informado judicialmente que tienen 15.000 embriones abandonados, los cuales habrán de ser eliminados sucesivamente a medida que cumplan el plazo de cinco años de congelamiento", advirtió.
El P. Gandur señaló que "el óvulo fecundado y congelado no es sólo un óvulo o gameto femenino congelado: ¡Un óvulo fecundado y congelado es un ser humano congelado! Y así como ante la Eucaristía cantamos ¡Dios está aquí!, ante un óvulo fecundado proclamamos: ¡Un hijo de Dios está aquí: indefenso, vulnerable y congelado!".
El sacerdote dijo que esto, junto al aborto y la eutanasia, muestran "el avance de la cultura de la muerte; porque todos sabemos que no pocos parlamentarios actualmente ocupan largas horas de su vida promocionando leyes que incuestionablemente lesionan nuestra Fe y los dictados de la Ley natural, universalmente válida".
El sacerdote argentino advirtió que "la inseminación artificial también disocia la paternidad haciendo intervenir a terceros en la generación, lo cual contradice no sólo la Fe, sino los dictados de la Ley natural".
Dijo que por eso "en estas líneas, quiero refrescar en sus conciencias la obligación moral de informarse adecuadamente antes de pensar en ejecutarla".
El P. Gandur pidió a los fieles formarse adecuadamente para defender la vida de los nacidos y a ejercer dignamente los derechos cívicos, no apoyando "a quienes se embanderan decididamente, y como principales paladines, en pro de estas prácticas indignas de la medicina y de la ética".
El texto también fue suscrito por el sacerdote y médico, P. Álvaro Sánchez Rueda; el Capellán de la Policía de la Provincia de Tucumán, P. Horacio Gómez; el P. Julio César Gómez Aranda, entre otros.

domingo, 1 de abril de 2012

Por accidente eléctrico mueren 94 niños



         ¿Qué sucedió? ¿Se cayó una torre de alta tensión sobre un autobús escolar y murieron todos electrocutados? ¿Los fulminó un rayo del cielo mientras estaban al descampado? Nada de eso. Los noventa y cuatro niños muertos fallecieron en un hospital de Italia, el San Felipe Neri, al producirse un desperfecto eléctrico que elevó la temperatura del nitrógeno líquido que conservaba congelados a los embriones.
         En otras palabras, los noventa y cuatro niños muertos son noventa y cuatro “embriones en estado de crioconservación” –eufemismo por “niños congelados”- que al fallar el sistema eléctrico encargado de mantener la temperatura bajo cero, y al no contar con un sistema biológico adecuado para su desarrollo embrionario –útero-, simple y llanamente “murieron”.
         La noticia, prácticamente ignorada por los medios de comunicación masiva –que en casos como este se convierten en medios de “incomunicación masiva”-, fue recogida solamente por algunos sitios, algunos católicos y otros no (http://www.avvenire.it/Cronaca/Pagine/persi94embrioni.aspx;http://article.wn.com/view/2012/03/31/Centro_di_procreazione_distrutti_94_embrioni_per_un_guasto_a/;http://roma.corriere.it/roma/notizie/cronaca/12_marzo_31/guasto-centro-procreazione-san-filippo-neri-persi-embrioni-2003905668658.shtml).
         Si el título de la noticia hubiera sido como el que encabeza este artículo –“Por accidente eléctrico mueren 94 niños”-, con toda seguridad, los principales medios del mundo la habrían reflejado, y sería “trending topic” en Twitter, Facebook, y cuanta red social exista.
         Pero como se trata de embriones, que para la cultura de la muerte imperante no son personas, entonces la noticia no tiene entidad ni importancia, porque para la mentalidad materialista negadora de la vida humana embrionaria decir “noventa y cuatro embriones” es igual a decir “noventa y cuatro células”.
         En síntesis, elevamos nuestras oraciones por estas noventa y cuatro almas, que como mártires inocentes víctimas de los modernos Herodes, han sido privados de sus vidas y de su dignidad, al ser congelados en un refrigerador. Y al ser desechados, como se desecha una mercadería en mal estado, porque el refrigerador dejó de funcionar.
         Triste historia de nuestros tiempos, impregnados de materialismo, de hedonismo, de ateísmo, en el que la noticia de la muerte de noventa y cuatro niños pasa desapercibida.