El cigoto, es decir, el ovocito fecundado por un espermatozoide, es ya una persona humana, con un acto de ser, con un cuerpo y con un alma, y por lo tanto, su primer derecho humano es el derecho a vivir
Joe Biden está a unas horas de ser oficialmente presidente de Estados Unidos y de entrar en la Casa Blanca. Durante los últimos días ha ido anunciando los nombres que formarán su gabinete y que dejan entrever cuáles serán las políticas que llevará a cabo.
A tenor de los nombramientos en la Secretaría de Salud (lo que equivaldría a un ministerio) no serán buenos tiempos para los defensores de la vida y de la familia. De hecho, ha elegido a Xavier Becerra, un entusiasta abortista y perseguidor de los grupos provida, como secretario de Salud, y al transgénero Rachel Levine (nombre actual) como subsecretario de este importante departamento del gobierno de EEUU.
Analizando el perfil y el historial de los que dirigirán la Salud del país se puede suponer que habrá una ofensiva de medidas proabortistas, se intentarán revertir los avances provida y la influencia de los grupos provida. Por otro lado, la agenda transgénero se verá claramente impulsada por la administración Biden.
Xavier Becerra era fiscal general de California, el mismo cargo que ocupó Kamala Harris, la nueva vicepresidente de EEUU. Y en este tiempo ha seguido la estela abortista y de persecución que ya inició Harris contra los provida.
Como fiscal intentó obligar a los centros provida que ayudaban a mujeres embarazadas a hacer publicidad de los servicios de aborto. El caso llegó al Supremo, que impidió el objetivo de Becerra.
Recientemente también ha intentado reducir las restricciones a la distribución de la píldora abortiva y ha intentado imponer el mandato contraceptivo que obligaba al empleador a contratar un seguro que incluyera la posibilidad de esterilización, anticoncepción y aborto para todos sus empleados.
Por su parte, Biden ha elegido para secundar a Becerra al que será el primer transexual que ocupe un alto cargo en la administración. Hasta ahora Rachel Levine ocupaba el cargo de secretario de Salud de Pensilvania.
Levine, profesor universitario de pediatría y psiquiatría, fue designado para su actual cargo por el gobernador demócrata Tom Wolf en 2017. "Su elección es histórica y está extremadamente calificada para ayudar a liderar las políticas de salud de nuestra Administración", ha explicado en un comunicado Joe Biden.
Además, afirma que "aportará el liderazgo y la experiencia crucial que necesitamos para guiar a las personas durante esta pandemia, sin importar de dónde sean, su raza, religión, orientación sexual o identidad de género", añadió.
Miles de niños que asisten a “clínicas de género” en todo el mundo reciben potentes medicamentos que bloquean la pubertad y conllevan efectos secundarios graves, incluida la muerte, según datos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).
En un artículo publicado por el National Catholic Register, basándose en información de la misma agencia del gobierno norteamericano, se explica que este tipo de medicamentos “únicamente están aprobados para tratar el cáncer de próstata y el dolor uterino en adultos”, y que entre 2013 y el 30 de junio de 2019 se registró más de 41 mil eventos adversos.
De esos eventos, la FDA clasificó como “graves” más de 26 mil asociados con dos bloqueadores hormonales, acetato de leuprolide y triptorelina (que incluye Lupron y medicamentos similares utilizados por las clínicas), los cuales provocaron 6.370 muertes.
Estos medicamentos, que reducen drásticamente los niveles de testosterona y estrógeno en el cuerpo, están relacionados con coágulos sanguíneos que amenazan la vida y ocasionan severas dolencias, como huesos frágiles y dolor en las articulaciones.
El Register sostiene que “los coágulos sanguíneos fatales, el comportamiento suicida, coeficientes intelectuales reducidos, huesos frágiles y esterilidad son solo algunos de los posibles efectos secundarios de los ‘bloqueadores de la pubertad’ de los que la industria ‘transgénero’ no quiere que se hable”.
El Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido actualmente está investigando problemas relacionados con el uso de estos medicamentos, ya que en el 2018 se registró un aumento de 4.500% en el número de jóvenes que buscan tratamientos para alterar su sexo biológico en los últimos nueve años.
Este tipo de medicamentos, a veces denominados “castradores químicos” porque se usan para tratar a los delincuentes sexuales, se usan cada vez más como el principal tratamiento para niños con “disforia de género” (discordancia o malestar con el cuerpo o el sexo biológico) de tan solo 10 años de edad cuando son derivados a recibir asesoramiento.
Con frecuencia, en su primera consulta, a los niños y adolescentes se les implantan bloqueadores de hormonas o se les enseña a auto-inyectarse los medicamentos para “pausar” su adolescencia y prevenir cambios en el desarrollo, como el crecimiento de los senos y el vello facial mientras deciden con qué sexo les gustaría identificarse.
Esta práctica recientemente obtuvo el respaldo de la Sociedad Endocrina y la Academia Estadounidense de Pediatría, sin embargo, la FDA no autoriza los medicamentos para ser administrados a quienes se auto-perciben como “transgénero”, debido a la falta de evidencia de apoyo.
Michael Laidlaw, un endocrinólogo de Rocklin, California, testificó ante la Cámara de los Lores británica sobre el tema de la “atención médica transgénero” en mayo del 2019. Laidlaw dijo al National Catholic Register que “estos medicamentos en realidad inducen una enfermedad conocida en niños previamente sanos hormonalmente”.
Los bloqueadores de la pubertad, explicó, interfieren con las señales normales entre el cerebro y los órganos sexuales, creando así un estado de enfermedad llamado hipogonadismo hipogonadotrópico en los jóvenes.
“Es una condición grave que los endocrinólogos normalmente diagnosticarían y tratarían porque interfiere con el desarrollo, pero en casos [de disforia de género] inducen este estado de enfermedad”, lamentó Laidlaw.
Debido a que los medicamentos son relativamente nuevos, sus efectos a largo plazo aún no se han determinado por completo, pero un estudio de 2018 sobre los riesgos a largo plazo de los bloqueadores de la pubertad realizado por investigadores del Hospital de Niños de Boston descubrió que si bien se anuncia que los efectos secundarios de los medicamentos deberían “resolverse entre tres y seis meses después de suspender el tratamiento”, en realidad, “la mayoría de las personas informaron efectos secundarios a largo plazo, mientras que casi un tercio informó efectos secundarios irreversibles que persistieron durante años después de suspender el tratamiento”.
Además de los expertos, aquellos que han experimentado los efectos de los medicamentos también notificaron diversos problemas.
En redes sociales, varias mujeres describen efectos secundarios a largo plazo después de tomar los medicamentos cuando eran niñas. Una mujer escribió en una página de Facebook, llamada BAN Lupron, que le dieron Lupron durante años cuando era niña para detener la pubertad prematura, y ahora, como madre de dos hijos tiene “una hernia de disco en la zona lumbar baja, disfunción de la articulación sacroilíaca, menisco desgarrado en la rodilla derecha, dolor en el hombro, ‘tendinitis’ en el pie izquierdo, caries extrema y mínimos dientes restantes, y trastorno de la articulación temporomandibular (dolor en la mandíbula)”.
Otra joven de 25 años dijo en la página que sufre de osteoporosis y una columna rota, mientras que una de 26 años indicó la necesidad de un reemplazo total de cadera.
Otros jóvenes que toman bloqueadores de la pubertad se quejan de efectos secundarios similares y de síntomas menopáusicos, incluidos sofocos, insomnio, fatiga, aumento de peso rápido y densidad ósea disminuida.
“Me golpeé el dedo del pie y se rompió. Me caí y se rompió mi muñeca. Lo mismo con mi codo”, dijo al diario The Times de Londres un adolescente anónimo, a quien el centro de género Tavistock NHS le recetó los medicamentos.
Donald Greydanus, pediatra de la Universidad Estatal de Michigan, dijo al Register que “los gobiernos y las organizaciones médicas deberían investigar los informes de quejas de pacientes y familiares a este respecto”.
Laidlaw, por su parte, calificó los medicamentos bloqueadores de hormonas como “no probados” e “inseguros” para los niños adolescentes. Además, afirmó que bloquean el desarrollo normal del cerebro y una serie de otras funciones corporales, así como la maduración sexual.
Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.
Escribe: Javier Borrego.- Penny Mordaunt, responsable del Ministerio de la Mujer y la Igualdad del Reino Unido, ministerio totalmente alineado con las políticas de género internacionales, propuso el pasado 15 de septiembre estudiar las causas del disparatado incremento de los tratamientos transgénero en menores del Reino Unido.
Este incremento es, con datos de la propia ministra, de un 4.000% (cuatro mil por cien) en la última década, y se hacen eco del mismo diarios como The Times o The Telegraph. Coinciden ambos en que en el último año 1.806 niñas han sido sometidas a estos tratamientos en el sistema sanitario de Gran Bretaña.
Son datos ciertos, proporcionados por el propio Ministerio británico, lo que provoca conmoción en cualquier lector, con independencia de la ideología y más entre los que nos dedicamos a la enseñanza o somos padres, porque no cabe duda de que lo que está pasando con los niños ingleses les pasará en muy corto periodo de tiempo a todos los europeos.
Son varias las razones por las que nadie puede permanecer indiferente ante el hecho de que estos tratamientos se estén produciendo en un número cada vez mayor y en edades cada vez más tempranas.
Primero: porque afecta a menores que deberían pensar en cualquier cosa menos en el sexo.
Segundo: porque los tratamientos son irreversibles y se trata de la única cosa que se les permite hacer a los menores sin el consentimiento paterno y que además tiene consecuencias fisiológicas y psicológicas para toda la vida.
Tercero: porque semejante incremento no puede sino ser causado por algo distinto a la “necesidad” de tales operaciones por cuestiones intrínsecas al menor. Es decir: las causan los adultos.
Una vez conocido el dato y escandalizados por ello debemos buscar la causa. Yo le diría a la ministra que no busque demasiado lejos, que ella (y sus predecesoras en el cargo) es en parte la causante de esta aberración.
El ministerio que dirige Penny Mordaunt es el responsable de los programas escolares de adoctrinamiento en centros escolares, el que firmó la «Alianza nacional contra la homofobia, bifobica y transfóbica», que actúa en centros escolares del Reino Unido. Esta ‘Alianza’ se firmó entre el Estado y una docena de asociaciones LGTB para inculcar a los niños la idea de que cualquier práctica, orientación o deseo sexual es igualmente válido, que existen niños que son niñas, niñas que son niños e individuos que no son ni una cosa ni la otra, etc. Estos programas, que se introducen en las escuelas –en teoría– para evitar el rechazo que sufren en la adolescencia los jóvenes homosexuales, enseñan a utilizar el propio cuerpo y el ajeno como fuente de placer, a identificar posibles sentimientos homosexuales y a aceptarlos como normales.
Independientemente del logro de su objetivo (personalmente creo que tampoco lo cumplen) está claro que estos programas lo único que pueden generar es confusión y desorientación en los niños y adolescentes, puesto que por definición tanto unos como otros no tienen formado el carácter ni tienen claro quiénes son y mucho menos quiénes quieren ser.
En el caso de los menores de once años sabemos que en su horizonte mental el sexo no aparece. Si por accidente aparece en su vida se muestra como un misterio, como cosas de los mayores que no terminan de comprender ni en su dimensión real ni en sus implicaciones. Por otro lado, en el nivel psicológico, los afectos del niño son de naturaleza muy diferente a las personas adultas. El niño vive en el presente donde lo que tiene delante es amado sin implicaciones de ningún tipo. Un niño puede jugar con un desconocido como si fuese su más fiel amigo y no volver a verlo sin echarle de menos ni preguntarse nada de él, o puede enfadarse y desenfadarse en unas horas con un compañero. Pueden tener mejor relación con una muñeca que con una persona real, porque la realidad es distinta para los niños que para los adultos, abarca más. Los niños no tienen el tipo de relación direccional de los adultos, por lo que no tienen orientación de ningún tipo, y menos orientación sexual.
En cuanto a la diferenciación sexual es algo que tampoco forma parte del universo del niño. Si bien son capaces de distinguir sexos a muy temprana edad (la identificación del sexo es un universal antropológico), no le dan el valor que los adultos le damos, no tratan a uno y otro sexo de manera diferente. Es del todo imposible que un niño o una niña manifiesten espontáneamente su incomodidad con el sexo propio (“asignado”, en la jerga de la ideología de género) o su preferencia por personas de su mismo sexo.
Solo si los adultos se empeñan en que los niños busquen afectos direccionales (la pregunta por el novio o la novia en educación infantil), con la que muchos padres acosan constantemente a sus hijos, los niños se pueden plantear esa cuestión como una realidad posible, y si además se les pregunta si están más a gusto con los de su propio sexo o si sienten por algún compañero atracción, los niños en su imaginación pueden crearse una idea equivocada de lo que son las relaciones con sus compañeros. En estos programas, por ejemplo, se les pregunta a los niños si tienen novio y a las niñas si tienen novia.
Plantear en un niño un conflicto como este, ponerles a jugar a que los niños sean niñas. y las niñas, niños, para “ver cómo se sienten”, puede excitar la imaginación infantil, que, como dijimos, tiene trastocado el criterio de realidad, creando a veces la ilusión de ser lo que no se es, y esta imaginación es más potente en el caso de las niñas.
La confusión en la infancia llevará inexorablemente a una confusión mayor en la pubertad, puesto que, en este periodo, como veremos, el conflicto es parte de la vida.
No es de extrañar que aquellas niñas que fueron adoctrinados por estas asociaciones LGTB hace diez años pidan ahora de forma numerosa el cambio de sexo o practiquen la homosexualidad o la bisexualidad de manera momentánea, hasta lograr encontrar su sitio en la vida, es decir, llegar a la edad adulta.
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En cuanto a los adolescentes, el discurso adoctrinador en los colegios puede causar también un daño irreparable. Pensemos que la adolescencia es una etapa de crisis, donde todo lo aprendido en cuestiones de moral y política se pone en entredicho y donde el joven busca una afirmación en muchos casos contra la sociedad o el estilo de vida de los padres.
En la adolescencia el joven no encuentra su lugar y camina, como un náufrago, en busca de su lugar en la vida: busca afiliaciones (políticas, musicales, artísticas, religiosas), busca su afirmación y quiere ser tratado como adulto, pero tiene constantes recaídas a la infancia. No hay nada sólido en la vida del adolescente y este periodo se caracteriza por la búsqueda constante de su ser. El adolescente se ha iniciado ya en el amor direccional, ya le gusta alguien, aunque ese alguien cambie constantemente. Aún no ha llegado al amor pleno, sino que está en el mundo de los amores. La vida del adolescente puede ser pensada como los fuegos artificiales: mucha intensidad, pero poca pólvora, de tal manera que constantemente salta y vuelve a su ser.
La relación con las personas del otro sexo no es del todo equilibrada. Se da una relación de amor y odio a la vez; por una parte, las tendencias naturales les llevan a la unidad, pero la psicología, con sus dos tiempos madurativos entre hombres y mujeres, les lleva al rechazo, sobre todo entre las chicas. El adolescente se siente doblemente incomprendido: primero por sus padres y después por los representantes del sexo contrario, pero con las personas de su misma edad y sexo se siente plenamente a gusto.
Siendo así las cosas, no es el mejor momento para explicarles en el colegio la posibilidad de un amor homosexual, o trabajar la idea de que los sentimientos hacia sus compañeros deban llevar necesariamente a una idea homosexual o transexual.
Estos programas, sin duda, no cumplen objetivo que se proponen, pero traen una serie de problemas muy graves que deberían tenerse en cuenta, aprendiendo la lección del Reino Unido a la hora de exportarlos al resto de los países.
Bouchard es biologicamente un varón, se declara mujer y preside la Federación de Mujeres de Quebec
Desde diciembre de 2017, ocupa la presidencia de la Federation des Femmes du Québec (www.ffq.qc.ca), "Gabrielle" Bouchard, de 49 años, que se define como "mujer trans", y que a efectos de la ciencia biológica y anatómica es un hombre. Esta asociación tiene unas 700 militantes, y "representa" a 300 grupos feministas, siendo la mayor plataforma feminista de Quebec.
Bouchard ha declarado en la prensa que ha vivido una vida de "privilegio masculino" por encima del "techo de cristal", y que después de su "transición" ahora pertenece al grupo oprimido.
"Tengo la ventaja de que he visto ambos lados, he experimentado la marginación, aunque haya gente que diga que no lo he hecho", aseguraba en el National Post.
Las feministas que no lo aceptan
Pero hay feministas que no están de acuerdo. Denise Bombardier, escritora y personalidad radiofónica, columnista en el "Journal de Montreal", periódico conservador, incluso se atreve a preguntar: "¿Es una mujer trans una mujer de verdad?"
Y denuncia que los activistas transgénero intentan "aplastar la realidad de los dos sexos para imponer una visión asombrosa en la que ya no habría ni hombres ni mujeres".
También se ha manifestado Diane Guilbault, que dejó esta Federación en 2013 y organizó su propio grupo de mujeres llamado "Pour les droits des femmes du Quebec" (www.pdfquebec.org).
Señala que "la experiencia de una mujer que nace mujer es completamente distinta de la experiencia de un hombre que decide un día presentarse como mujer".
Y escribe un artículo con el título "Ser mujer no es una elección" (aquí en francés) señalando que las "mujeres trans" no pueden morir en el parto, ni sufren la menstruación ni pueden quedar embarazadas de un violador, y que "proteger la identidad de género" daña los "derechos de las mujeres".
Los conservadores señalan el absurdo
Las asociaciones provida y profamilia de Quebec han comentado la situación a la agencia LifeSiteNews. George Buscemi, presidente de Campagne Quebec Vie (www.cqv.qc.ca), observa que muy pocas voces han señalado el absurdo de que alguien que es biológicamente varón presida la mayor asociación feminista.
"Hay una especie de educado y avergonzado silencio. Creo que todo el mundo piensa 'esto es ridículo pero no podemos decirlo'", declara Buscemi. Pero cree que son las primeras grietas del choque entre la agenda feminista y la de los activistas transgénero.
Otra activista profamilia, Gwen Landolt, de Real Women of Canada(www.realwomenofcanada.ca) declara en LifeSite, directamente, que en realidad el "cambio de género" no existe y que esta polémica lo señala. "No puedes cambiar tu género, eres como naces. Puedes pensar que eres un cachorrito [véase este caso en Inglaterra] o que eres negro siendo blanco [caso Rachel Dolezal], pero eso no te cambia. Eres lo que eres".
"Lo importante es escuchar a nuestros miembros"
Por su parte, Bouchard, en CTVNews declara que en realidad quién es o su experiencia vital no importan tanto. "Mi papel no es representar mi propia experiencia o identidad, sino asegurarme de escuchar a los miembros de la federación", aseguró.
Otras feministas preocupadas
Ya desde hace unos años hay "estudiosas de género" y líderes feministas que señalan quela nueva definición de mujer en la ideología transgénero ("mujer es quien declara sentirse mujer") puede amenazar todos los avances sociales referentes a la mujer de verdad (la biológica): en esta línea apuntan la feminista radical británica Rebecca Reilly-Cooper (sexandgenderintro.com) o Germaine Greer.
Una autora conservadora que investiga cómo el feminismo se ve socavado por la redefinición de mujer es Erika Bachiochi, del Ethics and Public Policy Center, que escribió sobre esto ya en 2016 en The Public Discourse (aquí en inglés, aquí en español).
¿Será un nuevo caso de discriminación? ¿O será más bien que la Federación de Fútbol actuó guiada por la razón natural y el sentido común?
17 de Octubre 2017
Federación de Fútbol Australiano declaró que el jugador transexual tendría una ventaja respecto a sus rivales debido a su físico.
Fuente: AFP
La Federación de Fútbol Australiano (AFL) anunció este martes que Hannah Mouncey, una jugadora transexual, no podrá participar en la liga femenina debido a que su físico supondría una ventaja con respecto a sus rivales.
Mouncey, que en el pasado llegó a jugar en el equipo nacional masculino de balonmano, no podrá entrar en el draft de la Liga Femenina Élite de Fútbol Australiano (AFLW).
La joven es particularmente atlética (1,90 m de altura y 100 kilos de peso), por lo que había despertado el interés de varios equipos para contratarla.
La AFL precisó que su decisión se basa en la legislación del Estado de Victoria y se tomó tras consultar a grupos de apoyo al colectivo LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexo) , así como al agente de Hannah Mouncey.
La AFL agradeció a Hannah "su cooperación" y destacó que su contribución servirá para "desarrollar políticas y procedimientos de la AFL con respecto a los transexuales para los futuros jugadores de la élite".
La AFL entró en la historia este año al organizar por primera vez una liga semiprofesional femenina.
La decisión sobre Mouncey solo es para la próxima temporada, por lo que podría volver a presentarse al draft del próximo año.Todos los casos de peticiones de transexuales serán deliberados caso por caso, en función de las circunstancias de cada demandante, precisó la AFL.
En un comunicado, Mouncey se mostró "decepcionada" por la decisión de la AFL, pero le agradeció "su manera sincera de tratar mi situación". El sindicato de jugadores de la AFL había apoyado a la joven durante todo el proceso y ha exigido a la federación que ponga en práctica líneas directivas claras para ayudar a los transexuales que quieran jugar en la élite en el futuro.
Este 2017 ya a las puertas y la ideología de género tiene intención de iniciarlo con una ofensiva total que parece una muestra de cómo será el año venidero. La portada de National Geographic que se publicará este mes de enero es un monográfico sobre la “Revolución de género” y da toda su portada a la fotografía de Avery Jackson, un niño de 9 años que dice ser una niña mientras que la portada alternativa de la revista es la de un grupo de jóvenes etiquetado según su “identidad de género”.
En la portada además de la foto del niño aparece una frase una frase suya: “Lo mejor de ser una niña es que ya no tengo que fingir que soy un niño”.
El objetivo de la publicación pasa por normalizar casos como el de este niño y por tanto la ideología de género. De hecho, la propia editora de la revista, Susan Goldberg, lo dejó muy claro y calificó este número como “un ejemplar histórico”. En sus páginas, este niño relata cómo se produjo su "transformación" y las dificultades que ha vivido como cuando en preescolar se quedó sin amigos porque “a sus madres no les gustó que fuera transgénero” además de afirmar que “todo de ser una chica es bueno”. También se entrevista a otros 80 niños de 9 años de distintos países para que hablen de temas relacionados con el “género”.
Según la editora, National Geographicquiere mostrar “los aspectos culturales, sociales, biológicos y personales" de toda esta ideología para así “ver cómo funcionan los roles de género tradicionales en todo el mundo, pero también mirar al género como un espectro. Se habla mucho de personas famosas, pero no tanto de personas de a pie”.
La respuesta del Colegio Americano de Pediatras a National Geographic El eco mediático de esta portada ha sido global y en todo el mundo se habla ya de este niño transgénero al que quieren poner como ejemplo de normalización.
Este niño está siendo utilizado para "normalizar" y después imponer esta ideología en todo el mundo
Ante esta situación, el Colegio Americano de Pediatras ha alertado de los riesgos de alabar y promocionar casos como el de Avery Jackson. Para Michelle Cretella, presidenta de esta asociación estadounidense, National Geographic está “promoviendo una agenda política” con esta portada aprovechándose de “la ciencia y el bienestar de niños inocentes”.
Los problemas, riesgos y peligros para los niños que no se cuentan a la ciudadanía En su opinión, ‘vender’ de esta manera a los niños transgénero “significa esterilizales tan jóvenes como a los 11 años”.
Basado en su experiencia médica, la doctora Cretella alerta que los bloqueadores de la pubertad y la toma de hormonas provocan “la esterilidad permanente”. Además, asegura que “las niñas que están en ‘transición’ a chicos y están tomando testosterona pueden tener una doble mastectomía a los 16 años".
Del mismo modo, la presidenta del Colegio Americano de Pediatras insiste en que el uso prolognado en el tiempo de tal cantidad de hormonas para provocar el cambio de 'sexo' "pone en riesgo a estos niños de poder sufrir un problema cardiovascular, una enfermedad cardíaca, diabetes, cánceres...".
Así empezó el caso de este niño Según cuentan los padres del niño protagonista de la revista, éste supuestamente se empezó a identificar como una niña cuando un día les pidió que le comprasen un disfraz de princesa. Los padres accedieron sin pensárselo alimentando en el niño esta confusión llegando a ir a la guardería así vestido.
Después llegaron más vestidos, camisones, zapatos brillantes…Y al llegar a la escuela y reunirse con un psicólogo se le permitió ir al centro vestido ya como una niña. Observando lo que todo esto estaba generando en el pequeño decidieron “esconderle” durante un año hasta que le creció el pelo y así “parecerse a la niña que es”, explicaba su madre. De esta manera se ha llegado a la situación actual.
"Abuso infantil institucionalizado" Analizando este caso, la doctora Cretella considera que "es poco ético y muy perjudicial" que los padres tomen este tipo de decisiones con sus hijos porque las estadísticas dicen que en la inmensa mayoría de los casos crecerán fuera de la disforia de género. “Cuando un niño menor de 12 años cree que es del sexo opuesto y se le permite naturalmente llegar a la pubertad, entre el 75-95% de las veces ese niño aceptará su sexo biológico al final de su adolescencia”, asegura este pediatra a LifeSiteNews.
De una manera muy tajante, la presidenta del Colegio Americano de Pediatras sostiene que el apoyo público de "transexualidad" en los niños es equivalente al "abuso infantil". "Cuando las instituciones académicas, médicas y otras de carácter público promocionan la toma de hormonas tóxicas y la extirpación quirúrgica de partes del cuerpo sanas como parte de la asistencia sanitaria para los niños acaban involucrados en el abuso infantil institucionalizado”.
La ideología de género "hace daño a los niños" No es la primera vez que el Colegio Americano de Pediatras se manifiesta en estos términos alertando de las graves consecuencias para los niños de este tipo de políticas y de esta propaganda “transexual”. El pasado mes de marzo publicó una contundente declaración que desacreditaba la ideología de género y utilizando argumentos científicos llegaban a la conclusión de que “hace daño a los niños”.
De izquierda a derecha, el Dr. McHugh, la Dra. Cretella y el Dr. Van Meter, autores de la declaración
El inicio del texto ya dejaba muy a las claras su postura urgiendo a legisladores y educadores “a rechazar todas las políticas que condicionen a los niños para aceptar como normal una vida de suplantación química o quirúrgica de su sexo por el sexo opuesto. Son los hechos, y no la ideología, quienes determinan la realidad”.
Y para ello destacaban ocho puntos con argumentos científicos que explicaban por qué la ideología de género no se sostiene:
La sexualidad humana es un rasgo biológico objetivo binario.
Nadie nace con un género. Todos nacemos con un sexo biológico.
La creencia de una persona de que él o ella es algo que no es, constituye en el mejor de los casos, un signo de pensamiento confuso.
La pubertad no es una enfermedad, y los bloqueadores hormonales pueden ser peligrosos.
Según el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales) , hasta un 98% de niños con género confuso y hasta un 88% de niñas con género confuso aceptan finalmente su sexo biológico tras pasar la pubertad de forma natural.
Los niños que utilizan bloqueadores hormonales para reasignación de sexo necesitarán hormonas cruzadas al final de la adolescencia. Las hormonas cruzadas (testosterona y estrógenos) se asocian con riesgos para la salud.
Las tasas de suicidio son veinte veces mayores entre los adultos que utilizan hormonas cruzadas y sufren cirugía de reasignación de sexo.
Condicionar a los niños a creer que es normal estar toda la vida sustituyendo química y quirúrgicamente su propio sexo por el opuesto constituye un abuso infantil.
Puede leer íntegramente los ochos puntos de esta declaración en el reportaje publicado por Religión en Libertad pinchando AQUÍ.
Laura Jensen vuelve a ser Walt Heyer gracias a Jesucristo
Vivía tres vidas distintas: de "hombre de negocios exitoso y bebedor, de padre y esposo amoroso perfecto en apariencia y de travesti retorcido".
Walt Heyer era un niño que creció en el Estado de California, en los Estados Unidos de América, a mediados de la década de 1940, interesado en los vaqueros, los coches y las guitarras de acero cuando un día a su abuela le pareció que él quería ser una niña. Ella ingenuamente hizo para él un vestido de gasa de color púrpura que él utilizaba cuando la visitaba.
Según Walt, al ponerse ese vestido de gasa de color púrpura se disparó algo que lo puso en un largo camino de 35 años que le condujo a un valle oscuro de “tormento, desilusión, remordimiento y tristeza”. Su confusión respecto a la identidad de género lo llevó al alcoholismo, a la drogadicción y a un intento de suicidio.
Finalmente, Walt recurrió a la vaginoplastia, la “cirugía de reasignación de género” para parecerse a una mujer, algo que llegó a lamentar profundamente, por eso él ahora aconseja a individuos confundidos en su género que se mantengan al margen. “Él (Dios) me hizo hombre, la forma que yo era, y el bisturí nunca llegó a cambiar eso”, dijo Walt aLifeSiteNews/Notifam (LSN) en una reciente entrevista. Avergonzado de ser hombre En su libro escrito por él en inglés, en 2006, “Trading My Sorrows: Man to woman and back-again – a personal story” (Intercambiando mis dolores: de hombre a mujer y viceversa. Una historia personal), Walt cuenta que el vestido púrpura fue sólo la primera de muchas influencias en su vida que le hizo avergonzarse de ser hombre. Dice que fue elacoso sexual que sufrió a manos de su tío lo que lo hizo sentirse avergonzado de sus genitales. Fue la severa disciplina de su padre –él dice que prácticamente indistinguible del abuso físico– lo que lo hizo sentirse incapaz de ser el niño que su padre quería que fuera.
Walt no recuerda un sentimiento lo suficientemente bueno por sus padres, tampoco haber podido complacerlos alguna vez y haber recibido alguna vez el reconocimiento que él tanto deseaba.
“Lo que yo quería desesperadamente era el reconocimiento de mis padres por aquello en lo que yo sobresalía, encontrar mi propio lugar donde pudiera expresarme, desarrollar mis talentos y hacer algo que yo disfrutara”, explicó Walt en su libro.
El niño que no tenía autoestima empezó a despreciarse a sí mismo y a su cuerpo. Walt comenzó a encontrar consuelo al vestirse como una chica y mantener esto en secreto frente a sus padres. Vestirse como una chica se convirtió en su escondite, donde se sentía a salvo de los dolorosos conflictos y la disciplina impartida por su padre y su madre. La mujer, un tirano en su interior Cuando Walt alcanzó la adolescencia dice que la niña que estaba dentro de su cabeza se volvió más poderosa y le demandaba más de su tiempo. A pesar del hecho que Walt disfrutaba con los coches llamativos y tener citas con chicas atractivas de su escuela secundaria, no importaba cuánto esfuerzo hiciera, él no podía alejar la obsesión de convertirse en una mujer. Después de la secundaria, Walt se mudó de la casa de sus padres, para poder disfrutar con el travestismo en la intimidad de su propia casa. Para entonces él había acumulado un cierto número de trajes de mujer, pero estaba todavía profundamente avergonzado de su hábito secreto.
Walt finalmente se casó, se hizo rico, y externamente parecía que estaba viviendo el sueño americano. Mantuvo en secreto sus permanentes escapadas al mundo de la mujer.
Walt dice que estuvo viviendo tres vidas distintas: de “hombre de negocios exitoso y bebedor, de padre y esposo amoroso perfecto en apariencia y de travesti retorcido”. Pero en su interior Walt experimentaba la fragmentación y la desilusión. Todo en su vida comenzó a desmoronarse.
Se volcó al alcohol como mecanismo de defensa, pero esto sólo aumentó su deseo de convertirse en una mujer. Dice que permitió a la niña dentro de su cabeza “expresarse” cada vez más, cuando él captó desesperadamente los momentos de alivio del embravecido mar de dolores y problemas de la vida.
En última instancia, Walt puso sus esperanzas en la cirugía de sexo como la solución que haría que su dolor desapareciera para siempre. La cirugía Primero fueron los pechos grandes, implantados mediante cirugía plástica. Luego vino el procedimiento que Walt lamenta mucho, la transformación quirúrgica de su órgano reproductor masculino para que pareciera un órgano reproductor femenino.
Walt tenía la esperanza que el procedimiento pudiera aliviar su “debilitante sufrimiento psicológico” y que eso iba a detener, de una vez por todas, el conflicto que lo había atormentado desde la infancia. Pero para su consternación, la reordenación de sus partes privadas y el cambio de su apariencia no efectuó el cambio correspondiente en el interior.
Después de la cirugía, la mente del Walt se convirtió en un campo de batalla depensamientos y deseos conflictivos que él sólo pudo describir como “agravante, penoso, deprimente, discordante, distorsionado [e] impredecible”.
Luego de la cirugía, a través de todos los días se hizo más claro para Walt que él había cometido un “gran error”. Su adicción a la cocaína y al alcohol, en un intento de mitigar el dolor emocional, sólo aumentó su miseria, la depresión y la soledad.
Walt supo entonces que el bisturí del cirujano y la amputación resultante no habían hecho que él dejara de ser hombre para convertirse en mujer. Se dio cuenta que la cirugía fue un “fraude total”. Sintió que no tenía más remedio que vivir la vida como una mujer quirúrgica, como un “impostor”. Intento de suicidio En este punto, él tocó fondo. La cirugía había destruido la identidad de Walt, su familia, su círculo social y su carrera. Sentía que no había nada para él sino morir. Walt, que había adoptado el nombre de Laura Jensen, trató de lanzarse desde una azotea, pero fue detenido por un transeúnte.
Sin hogar y sin dinero, el quebrado “transexual” habría terminado viviendo en la calle si un buen samaritano no le hubiese dado un lugar para dormir en un garaje. Este nuevo amigo animó a Walt para que asistiera a Alcohólicos Anónimos, donde se dio cuenta que tenía que conectarse a un “poder superior” si iba a llegar a la cima del lío en que se había metido.
Walt empezó a darse cuenta cada vez más que él era realmente un hombre, pero que estaba envuelto en una “máscara de mujer”.
“Yo era muy consciente que ahora estaba entre los deshechos de la humanidad, hundido en una vida arrojada a la basura, distorsionada por mis propias decisiones. El alcohol, las drogas y la cirugía me habían hecho inútil para cualquier cosa. Yo había fracasado estrepitosamente como el hombre que Dios había creado para que yo lo fuese”. Fuera del valle de oscuridad Con la ayuda de unos amigos cristianos recientemente encontrados, Walt comenzó unviaje hacia la sanación y hacia el descubrimiento de su verdadera identidad como hombre. Walt se dio cuenta que la clave para ganar la batalla que se desencadenó dentro de él era la sobriedad. Su mantra era: “Mantente sobrio, sin importar en qué, mantente sobrio”.Dejó la bebida y se volvió a Jesús como una fuente recién descubierta de fortaleza.
En cierta ocasión, durante un tiempo de oración con su psicólogo cristiano, Walt dice que experimentó espiritualmente al Señor, todo vestido de blanco, que se acercó a él con los brazos abiertos, lo envolvió y le dijo: “Ahora conmigo estás a salvo para siempre”. Fue en ese momento que Walt supo que iba a encontrar en Jesús la sanación y la paz que él tanto deseaba.
Durante una entrevista con LSN, Walt dijo que los que están luchando con su identidad como hombre o mujer y piensan que la cirugía de sexo es la solución “necesitan ir a un psicólogo o a un psiquiatra y entrar a terapia y cavar en el fondo para averiguar qué está causando este deseo, porque hay algunos problemas psicológicos subyacentes o algún problema psiquiátrico que no está resuelto que hay que explorar -si hubo abuso sexual, abuso físico (o) modelo”.
“Puede tomar un año explorar los temas profundos que están pasando y entonces, cuando se hace eso, se puede llevar a la persona a un punto donde puede comenzar a entender su género y comenzar a aceptar su género y a querer vivir el sexo que Dios le dio”.
Como un hombre ahora viejo, Walt cree que si pudiera volver atrás en el tiempo y decirse a sí mismo unas pocas palabras significativas como un hombre más joven, él diría a ese hombre más joven que evite la cirugía de sexo y que descubra la causa que subyace en el deseo por la cirugía.
Walt cree que su historia testimonia el poder de la esperanza, que nunca se debe renunciar a alguien, no importa cuántas veces él o ella caiga o cuántos giros y vueltas haya en el camino de recuperación. Por encima de todo, dice Walt, nunca se debe “subestimar el poder curativo de la oración y el amor en las manos del Señor”.